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Capítulo 190:
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Le dolía el cuerpo por la noche anterior y lo único que quería era hundirse de nuevo en la comodidad de la cama. Sin embargo, allí estaba él, pasando el día como si nada hubiera pasado.
Hizo un puchero, bajó las piernas de la cama y apartó las sábanas. Pero en cuanto sus pies tocaron el suelo, sus piernas se doblaron y ella tropezó.
Las manos de Kristopher la rodearon en un instante, sujetándola con facilidad.
Carrie, nerviosa, murmuró: «Tengo las piernas un poco débiles…».
Una leve sonrisa de autosatisfacción se dibujó en los labios de Kristopher. Carrie se encontró con su expresión petulante, con los ojos brillantes de picardía.
Yo como tu chófer
Carrie esbozó una sonrisa de suficiencia, con tono brusco. —No eres tan hábil como crees. No me encontraba bien.
Kristopher soltó una risa seca, con voz sarcástica. —Tus acciones de anoche dicen lo contrario.
Carrie se negó a ceder y replicó: —Eso fue solo por la droga.
La sonrisa de Kristopher se desvaneció.
Su expresión se volvió fría mientras su mente examinaba los fragmentos de la noche anterior. Con su memoria afilada y su habilidad para el análisis, rara vez se quedaba con dudas sobre los detalles. Sin embargo, en este territorio desconocido, su confianza vaciló, inseguro de si sus palabras contenían algo de verdad.
Por primera vez, la duda nubló su certeza.
Aprovechando su vacilación, Carrie cojeó hacia el baño. Cuando cerró la puerta tras de sí, el recuerdo de la noche anterior le vino a la mente, provocándole un remordimiento por su discusión.
Treinta minutos después, bajaron la escalera en un tenso silencio, uno detrás de otro.
Shawn estaba sentado en la mesa del comedor, leyendo las noticias, mientras Melany los recibía con una cálida sonrisa. Billie brillaba por su ausencia.
La mirada de Melany se suavizó al señalar una silla vacía. «Carrie, querida, ven a sentarte a mi lado».
Con su aguda intuición, Melany no necesitó confirmación para adivinar lo que había ocurrido entre ellas.
Un sirviente apareció con un tazón de sopa humeante, y Melany señaló a Carrie. «Pónselo delante. Es una vieja receta familiar, perfecta para recuperar fuerzas y vitalidad».
Carrie parpadeó, momentáneamente sin palabras.
Carrie no perdió la implicación: Melany ya estaba anticipando un bisnieto. Al ver la sonrisa de autosatisfacción de Kristopher, Carrie sirvió tranquilamente otro cuenco y se lo acercó. —Cariño, tú también deberías tomar un poco. Recuperar la energía es importante.
Kristopher extendió la mano hacia el cuenco, pero Carrie se acercó más, con la voz en un susurro bajo. «No podemos depender de atajos para siempre. La nutrición adecuada es la clave».
No contenta con negar sus habilidades, ahora había ido a por su orgullo.
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