✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 188:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Su voz se convirtió en un susurro apenas audible. «Llámame». Sus palabras eran apagadas y ella apenas las registró, murmurando un distraído «Hmm».
Él apretó ligeramente su agarre, como una reprimenda burlona, hasta que sus ojos se abrieron y se encontraron con los de él, brillantes de emoción.
Él le dio un suave beso en los labios, sus ojos se cruzaron con los de ella mientras repetía: «Llámame».
«Kristopher», murmuró ella, algo aturdida.
Una pequeña sonrisa curvó sus labios mientras la guiaba suavemente.
«Llámame, cariño».
Un poco débil
Carrie sabía que resistirse ahora solo parecería demasiado dramático.
La voz de Carrie fue apenas un susurro cuando dijo: «Cariño», la palabra entrelazada con una tímida vulnerabilidad.
Lo había dicho innumerables veces antes, a veces en serio, a veces como parte de una actuación cuidadosamente elaborada. Sin embargo, nunca la palabra había sonado tan tierna, tan dolorosamente hermosa, como lo hacía ahora.
Él contempló su radiante rostro, con gotas de agua goteando de su cabello húmedo hasta la sien. En sus ojos, brillantes de emoción, vio su propio reflejo.
La habitación estaba sumida en silencio, roto solo por la suave cadencia de sus respiraciones irregulares y el martilleo de sus corazones.
Kristopher lo sabía con certeza: este anhelo no era obra de la droga.
El rastro de afrodisíaco en las bebidas le había resultado insignificante, apenas merecía un segundo pensamiento.
Recordó una época mucho más oscura, emboscado durante un viaje de negocios al extranjero, donde había sido sometido a drogas de grado interrogatorio lo suficientemente potentes como para casi destrozarle. Durante siete angustiosas horas, había soportado, usando una cuchilla para tallarse el muslo, el dolor era su único vínculo con la conciencia.
Esa determinación despiadada le había asegurado un lugar en los mercados extranjeros, ganándose tanto el respeto como el miedo de gigantes corporativos y figuras del hampa.
Sus ojos ardían al encontrarse con los de ella, su voz bajó a un tono bajo y ferviente. «¿Sabes quién soy?».
—Eres Kristopher —murmuró Carrie, con la voz temblorosa, cargada de un deseo tácito—. Mi marido.
Un calor la invadió, insoportable y envolvente, y él era el único bálsamo que anhelaba.
Sus palabras provocaron una oleada de satisfacción en Kristopher. En ese momento, lo supo: esa cercanía era solo suya. Y solo podía ser él, como solo podía ser ella.
Los dedos de Kristopher le apartaron suavemente los mechones húmedos de la frente, su tacto persistente mientras trazaba la curva de su mejilla, antes de que sus labios reclamaran los suyos una vez más.
Este beso fue más profundo, urgente, como si buscara ahogarse en ella.
.
.
.