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Capítulo 114:
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Mientras sus pensamientos giraban en espiral, su frustración aumentaba, y se notaba en su tono agudo. «¿Dónde está Carrie?».
Albin, levantando una ceja con aire de satisfacción, respondió con tono astuto: «Vayamos a su apartamento. He conseguido averiguar su nueva dirección. ¿Has visto a Carrie últimamente? Está aún más encantadora, como si hubiera adquirido un nuevo resplandor. ¿Cómo lo digo correctamente?».
Albin se rascó la cabeza, buscando la frase adecuada, y luego, con un repentino destello de inspiración, se dio una palmada en el muslo con entusiasmo. «¡Ya lo he descubierto! Ella fue una vez dócil, como una modesta criada, pero ahora se ha convertido en una rosa deslumbrante, impresionante y vibrante».
Mientras estas palabras flotaban en el aire, el rostro de Kristopher se ensombreció de disgusto. «Parece que me estás acusando de maltratarla», replicó.
Al darse cuenta de su error, Albin cerró los labios de golpe y se apresuró a abrir camino.
Caminaron en silencio unos pasos hasta que Albin, incapaz de reprimir su curiosidad por más tiempo, se detuvo y se enfrentó a Kristopher, con un comportamiento despojado de su habitual frivolidad.
«Dime, Kristopher, ¿amas a Carrie?», preguntó con una mirada penetrante.
Kristopher vaciló, su respuesta fue cautelosa. «Es mi esposa. Cumplo con todos los roles y responsabilidades de un marido».
Insatisfecho por la respuesta evasiva, Albin indagó más profundamente, su voz estaba impregnada de sinceridad. «Olvida los deberes y los títulos por un momento. Te estoy preguntando por tu corazón. ¿Sientes amor por ella?».
La pregunta de Albin pesaba entre ellos, una súplica silenciosa de verdad en las siguientes palabras de Kristopher.
Kristopher fijó su mirada penetrante en Albin, sus ojos perforándolo como si tratara de desentrañar sus propios pensamientos. Esa intensa mirada de alguna manera le recordó la pregunta que Carrie había planteado por teléfono antes. Bajo el peso de la mirada de Kristopher, la piel de Albin se cubrió de sudor frío.
De repente, Kristopher desvió la mirada, con una expresión de desprecio. «Con todo ese tiempo libre, tal vez sea hora de pensar en buscar un trabajo», sugirió, con un tono de voz profundo y desdeñoso mientras se alejaba.
Continuó: «Estamos unidos en matrimonio, y esa es la verdad inmutable. ¿Tiene el amor algún peso real? Le proporciono las mejores cosas de la vida. Sin duda, eso es más sustancial que las emociones fugaces».
La disposición de Kristopher a prolongar la conversación llevó a Albin a acelerar el paso y alcanzarlo. Analizando la situación, Albin replicó: «En cuanto a las cosas materiales, te has asegurado de que Lise tenga la mejor vida posible. A lo largo de los años, todos sus deseos se han cumplido sin falta. Sin embargo, este derroche refleja el cariño que uno podría mostrarle a una hermana. Por otro lado, tus interacciones con Carrie están cargadas de emoción. Tu temperamento fogoso expone el vínculo que os une. Quizás no la ames, pero ella despierta algo en ti, se distingue de las demás mujeres de tu vida».
Los ojos de Kristopher se congelaron en una mirada fija, mientras sus dedos ajustaban nerviosamente los gemelos de sus muñecas. «Entonces, ¿qué es exactamente lo que intentas conseguir?», exigió.
El tono de Albin tenía un toque de urgencia cuando respondió: «Kristopher, no se trata de demostrar algo. Se trata de entender lo que realmente quieres. Carrie está pensando en divorciarse porque se siente descuidada y poco querida».
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