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Capítulo 389:
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Como hombre poderoso e influyente, tenía innumerables formas de conseguir una mujer. Sin embargo, Linsey era diferente. Ella le había salvado la vida una vez, por lo que era imperativo para él garantizar su seguridad por encima de todo.
Una figura oscura llamó su atención en el sofá. —¿Linsey? —gritó.
Creyendo que era Linsey, se apresuró a ir a ver. Pero en cuestión de segundos, el sonido de pasos rápidos rompió el silencio.
En un instante, alguien atacó por detrás.
Con rápidos reflejos, Gorman se dio la vuelta, agarró la muñeca del atacante y se preparó para contraatacar. Un grito agudo de dolor detuvo sus acciones.
—¡Linsey! ¿Eres tú?
Con una mirada silenciosa, Linsey fijó los ojos en Gorman. Tenía el rostro enrojecido y respiraba con dificultad. Luchaba por mantener la compostura, combatiendo el calor que sentía en su interior, decidida a resistir los efectos abrumadores de la droga. Al darse cuenta de que la habían drogado, Linsey sospechó que Fernanda enviaría a alguien pronto.
Astutamente, colocó una almohada en el sofá para que pareciera que alguien estaba descansando, mientras se escondía en un rincón, agarrando un cuchillo, lista para atacar. Su plan era atacar a cualquiera que se acercara al sofá.
Sin embargo, su frágil estado la ralentizó, lo que provocó su rápida captura.
—¡Gorman, bastardo! —La voz de Linsey era áspera por la ira.
¡Resultó que Gorman era el cerebro! Últimamente había estado tranquilo, lo que le había llevado a creer que su prometida le había influido positivamente. Inesperadamente, ¡había estado conspirando con Fernanda para perjudicarla todo este tiempo!
Cuanto más pensaba en su traición, más crecía su ira. «¡No te saldrás con la tuya!».
Con un agarre feroz, Linsey volvió a empujar el cuchillo de fruta hacia Gorman, inquebrantable en su determinación.
—¡Por favor, Linsey, intenta mantener la calma! —Los rápidos reflejos de Gorman entraron en acción y atrapó su mano, impidiendo sin esfuerzo que el cuchillo lo alcanzara.
La visión de los ojos llenos de lágrimas de Linsey y su rostro angustiado le provocó un profundo dolor. ¡Fernanda, esa maldita tonta!
Había dicho que quería estar con Linsey, pero no utilizando tácticas tan engañosas. Gorman creía en ganarse el corazón de una mujer de forma sincera, asegurándose de que ella se entregara a él por voluntad propia.
Su fuerte mano le sujetó la muñeca con suavidad, con cuidado de no causarle dolor. —Lo has entendido todo mal, Linsey. No te he drogado.
—¡Apártate! ¡Ya estoy harta de tus mentiras! La voz de Linsey estaba cargada de emoción. Sabía que tenía que luchar con todas sus fuerzas o sería demasiado tarde.
Sus ojos ardían de amargura mientras se enfrentaba a él. —Estoy muy decepcionada, Gorman. ¿Así es como me pagas después de haberte salvado la vida?
Una ola de remordimiento invadió a Gorman. Su rostro se volvió solemne mientras insistía: —Te lo juro, yo no…
Entonces, un ligero olor a sangre se mezcló con el resto de olores del aire, llamando su atención.
Se detuvo y rápidamente se dio cuenta de que la sangre brotaba de la palma de su mano.
Su corazón dio un vuelco e inmediatamente le tomó la mano, sin prestar atención al cuchillo que ella aún sostenía.
«¡Linsey, estás herida! Tenemos que curarte enseguida», dijo Gorman, con el rostro marcado por la preocupación.
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