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Capítulo 358:
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Linsey pronto se vio rodeada por un grupo de mujeres astutas, cuyas alabanzas resonaban con claridad.
«¡Linsey, tu marido sí que sabe cómo causar impresión! Los dos tenéis un gusto impecable».
Beth se quedó sola, con las manos vacías, en medio de las risas y las charlas, sintiéndose incómoda y fuera de lugar.
Observaba, con la mirada casi fija y envidiosa, cómo todos a su alrededor desenvolvían alegremente sus lujosos regalos.
Nunca se le había pasado por la cabeza que Collin fuera a hacer algo tan extravagante por Linsey, derrochando dinero para ganarse el favor de los demás en su nombre.
El dolor de la exclusión era agudo; entre las caras sonrientes, solo ella había sido olvidada.
Él la había excluido.
A medida que se daba cuenta, la irritación hervía en su interior. Luchando por ocultar sus crecientes celos con una apariencia de desdén, Beth se burló: «¿De qué hay que estar tan orgulloso? Estas baratijas pueden deslumbrar a los que no saben nada, pero a mí me parecen de mal gusto. No es de extrañar, viniendo de la oveja negra de la familia Riley». Su voz denotaba una mezcla de amargura y superioridad forzada.
Kane, que era testigo de su lucha, sintió una oleada de vergüenza ajena. Tras un momento de tenso silencio, no pudo contenerse más. —Beth, basta —intervino bruscamente.
—¿Qué? ¿Me equivoco? —insistió Beth, arqueando las cejas con incredulidad—. ¿En serio, Kane? ¿Tan bajo has caído? ¿Te impresiona una botella de vino tinto?
Kane miró a Beth, vio el fervor en sus ojos y decidió que era mejor dejarlo pasar. —¡Tú! —exclamó con voz llena de frustración, antes de darse la vuelta con desdén.
A su alrededor, la tensión entre el grupo había llegado a un punto álgido. —Beth, has estado creando problemas a Linsey desde que empezó esta reunión. Ya es suficiente.
—Beth, si no lo entiendes, cállate. Solo estás haciendo el ridículo.
—¡Así es! El vino tinto que ha traído el marido de Linsey es de la bodega privada más prestigiosa de Grester. Solo sirven a la alta sociedad y nunca al público en general. Solo alguien tan despistado como tú lo descartaría como un simple baratillo.
—¿Y este perfume? Es exclusivo para la realeza. Hoy en día, solo la élite de la sociedad se plantearía usar esta marca.
Beth se quedó boquiabierta, con una expresión de asombro en el rostro. —¿Qué? ¿Cómo es posible? —jadeó, con un hilo de voz.
Sus ojos se posaron en las cajas de regalo que tenían en las manos, cada una adornada con un distintivo logotipo en relieve.
¡Ese logotipo era sin duda un símbolo de riqueza y exclusividad!
Una ola de arrepentimiento y rabia invadió a Beth, abrumando sus sentidos. Apretó los puños, luchando por contener la tormenta de emociones que se agitaba en su interior.
La mente de Beth iba a toda velocidad. ¿En serio? ¿Cómo podía Collin permitirse unos regalos tan lujosos? ¿No se suponía que era un perdedor?
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