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Capítulo 324:
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Con un bufido desdeñoso, Linsey se dio la vuelta, frunciendo los labios en un puchero desafiante. «He perdido todo interés en tus juegos infantiles», declaró, segura de haber predicho las típicas payasadas de Collin.
«¿Es eso?», las palabras de Collin flotaron perezosamente en el aire, con tono burlón, tentando su determinación.
A pesar de su curiosidad, Linsey mantuvo una postura firme, con los brazos fuertemente cruzados. «Así es. No tengo ningún deseo de saberlo. Ahórrame tus secretos».
Collin, de espaldas a ella, aún podía imaginar el fuego vivaz en sus ojos; eso la hacía aún más querida para él y le calentaba el corazón.
Pasó el tiempo y llegaron a casa. Linsey, cansada por las aventuras del día, se refrescó rápidamente y se dejó caer en la cama, hundiéndose profundamente en el reconfortante abrazo de las sábanas. Más tarde, cuando Collin terminó su trabajo y se unió a ella en la quietud de la noche, la oyó hablar en sueños.
«Collin… ¿qué deseo pediste? Eres un hombre irritante, siempre ocultando cosas…», murmuró, con las palabras enredadas en los hilos de sus sueños.
Collin se sorprendió al principio, pero su sorpresa inicial pronto se transformó en una tierna sonrisa, con los ojos brillantes de afecto. Sin saberlo, su deseo se había infiltrado en los sueños de ella, lo que indicaba que sus palabras habían resonado profundamente en su interior.
Collin se sentó junto a ella, acercándose poco a poco hasta que su aliento era un susurro en su oído. «Linsey», murmuró con sincera sinceridad, «mi único deseo es pasar la eternidad a tu lado».
El viejo reloj del salón eligió ese preciso momento para dar la medianoche, y sus profundos golpes resonaron en el silencio como un voto solemne.
Conteniendo la respiración, Collin depositó un beso suave y afectuoso en la frente de Linsey, sellando su confesión susurrada.
Salió el sol y Linsey se enfrentaba a otro día de trabajo, con su escritorio repleto de tareas pendientes y correos electrónicos sin leer. Su teléfono rompió la rutina matutina con su estridente timbre, mostrando un número desconocido en la pantalla.
Una punzada de ansiedad recorrió sus venas, y su mente volvió a las inquietantes llamadas de Gorman. Respirando con calma, Linsey reunió todo su valor y respondió, con la voz silenciosa al otro lado de la línea.
Pasó un momento antes de que una voz, inesperadamente amable, llenara el vacío.
—Linsey, ¿cómo lo has pasado?
La voz de Linsey traicionó su sorpresa. —Kane, ¡qué sorpresa oírte!
La risa de Kane Davidson resonó cálidamente a través del teléfono. —Lo sé, ha pasado mucho tiempo —dijo—. Esperaba que estuvieras libre este fin de semana. Nos vamos a reunir para una pequeña reunión universitaria.
Linsey se detuvo, invadida por un torrente de recuerdos de sus días universitarios. En aquella época estaba muy agobiada, apenas llegaba a fin de mes y compaginaba varios trabajos, lo que le dejaba poco tiempo para relacionarse con sus compañeros. Además, algunos de ellos siempre se habían mostrado inexplicablemente hostiles con ella. Teniendo esto en cuenta, ¿por qué iba a perder el tiempo en una reunión que no le hacía ninguna gracia?
—Puede que tenga compromisos este fin de semana —respondió Linsey, con tono cortés pero distante, rechazando sutilmente la invitación.
Se oyó un suspiro de Kane al otro lado de la línea, teñido de decepción. —Linsey, últimamente has estado muy ocupada. Acabo de hablar por teléfono con Shari y se ha alegrado mucho de poder venir. Tiene muchas ganas de verte.
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