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Capítulo 278:
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«¿Cómo… cómo las has conseguido?». Su voz temblaba mientras miraba las fotos, con las manos temblorosas.
Levantó la vista hacia el asistente, con el rostro pálido y el terror apoderándose de él como un tornillo.
El asistente de Collin no dijo nada. Solo le dirigió a Jude una mirada fría y penetrante, presionándolo en silencio para que entrara en el coche.
Jude, conmocionado por las fotos, no tuvo más remedio que obedecer.
La puerta se cerró de golpe detrás de él. Al levantar la vista, se le cortó la respiración. Un hombre estaba sentado frente a él, con una presencia imponente e indescifrable. La penumbra del interior proyectaba sombras sobre su rostro, pero sus ojos ardían con intensidad.
—Dime, ¿quién te ordenó que incriminaras a Linsey?
La voz del hombre era firme, sin prisa. Permanecía en las sombras, lo que impedía a Jude verle claramente el rostro. Pero eso no importaba. El peso de su presencia era asfixiante.
El pulso de Jude latía con fuerza en sus oídos. Luchó por mantener la compostura, fingiendo estar confundido. —No sé de qué estás hablando.
Collin soltó una risa burlona y silenciosa. —¿Ah, sí? —Se reclinó en el asiento, con un tono tan frío como el aire del coche—. Muy bien, ya que no lo entiendes, no te insistiré.
Jude exhaló, y una expresión de alivio se dibujó en su rostro.
Solo duró un segundo. La voz de Collin rompió el silencio de nuevo, mesurada y deliberada.
—Si no quieres hablar de Linsey, hablemos de otra cosa. —Dejó un expediente en el regazo de Jude.
—Hace cinco años eras un diseñador famoso. Tenías cierta fama. —Collin hizo una pausa, sin apartar la mirada—. Pero lo que la mayoría de la gente no sabe es que todas tus supuestas obras maestras eran obra de otra persona. Tu diseñadora fantasma, Sarai Natt…
Jude contuvo el aliento. Sus dedos se crisparon contra el expediente. Tenía la garganta seca. —¿Qué estás diciendo? —Su voz apenas se mantuvo firme.
Collin no pestañeó. —Sarai venía de la nada. Una madre enferma. Facturas del hospital que se acumulaban. Tú viste su talento, su potencial, y te aprovechaste de ello. La hiciste trabajar para ti mientras te llevabas todo el mérito.
Jude palideció.
Collin continuó con tono severo. —Entonces se dio cuenta. Se dio cuenta del error que había cometido. Quería salir de allí. Incluso pensó en contar la verdad.
La mirada de Collin se agudizó cuando el rostro de Jude perdió todo su color. —Tenías miedo de que la verdad arruinara tu reputación. Así que empujaste a Sarai desde ese edificio y la dejaste en estado vegetativo. No ha despertado desde entonces. Sin ella, tu trabajo se vino abajo y tu fama se desvaneció.
Golpeó con los dedos contra su pierna. —¿Me equivoco, Jude?
Mientras sus palabras calaban, su asistente arrojó las fotos al suelo delante de Jude.
Mostraban a Sarai, inmóvil en una cama de hospital.
Jude contuvo el aliento. Su pulso se aceleró. Esto no podía estar pasando. Se suponía que nadie lo sabía.
Quería negarlo, defenderse. Pero en el momento en que abrió el archivo que Collin le entregó, su última resistencia se derrumbó.
La voz de Collin se mantuvo firme. —Esto es suficiente para encerrarte de por vida, ¿no?
Jude se derrumbó. Se agarró el pelo con las manos y rompió a llorar. —¡Me equivoqué! No lo sabía… Lo de Linsey… ¡No tuve otra opción! ¡Alguien me obligó a hacerlo!
Collin no se inmutó. —Ya sabes lo que tienes que hacer.
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