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Capítulo 242:
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Kylee era plenamente consciente de que su lesión era un invento para manipular a Collin, aunque no había funcionado.
Una vez terminada la visita, se subió al coche, donde ya la esperaba el conductor. Kylee había planeado centrarse en sembrar la discordia entre Collin y Linsey cuando los viera más tarde.
Pero ahora se sintió desconcertada al darse cuenta de que el coche se desviaba de la ruta habitual hacia Vista Villa.
Frunció el ceño y preguntó: «¿Qué pasa? ¿No se supone que debemos volver a Vista Villa? ¿Adónde vamos?».
El conductor, tranquilo y sereno, la miró por el espejo retrovisor. —Señorita Russell, el señor Riley ha dispuesto que se aloje en un hotel de cinco estrellas. Es más seguro, ofrece un servicio excelente y será más cómodo que Vista Villa.
Kylee apretó los labios, sintiendo cómo la irritación la invadía.
¿Qué importaba un hotel de lujo, por muy elegante que fuera? No era lo que ella quería.
La mente de Kylee daba vueltas en su cabeza, confundida. ¿Por qué Collin había cambiado de opinión tan repentinamente?
Ya habían acordado que se quedaría en Vista Villa durante unos días. Algo no cuadraba.
—¿De verdad Collin le ha dicho que me lleve a un hotel? —preguntó, con incredulidad en su voz—. No puede ser. ¡Collin no me haría esto! No ha sido idea suya, ¿verdad?
Entonces, se dio cuenta de lo que había pasado y un pensamiento frío y furioso le atravesó la mente. «Debe de ser esa zorra de Linsey la que ha puesto a Collin en mi contra. Debe de haberle lavado el cerebro, ¡por eso está haciendo esto! ¡Maldita seas, Linsey!».
Un destello oscuro brilló en los ojos de Kylee y una ola de pensamientos vengativos nubló su juicio.
Los dedos de Kylee temblaban mientras marcaba apresuradamente el número de Collin, solo para ver que la llamada no se conectaba.
El pánico se apoderó de ella y, sin pensar, abrió WhatsApp para enviarle un mensaje, pero se quedó paralizada al ver que Collin la había bloqueado. Su corazón latía con fuerza mientras el peso de la situación se abatía sobre ella. Por primera vez, se sintió realmente inquieta.
«Collin, ¡no puedes dejarme así!», murmuró Kylee para sí misma. Había vuelto al país por una sola razón: había cruzado a Gorman de la peor manera imaginable.
La única persona con el poder suficiente para enfrentarse a él era Collin. Era su última oportunidad para arreglar este desastre.
Si Collin le daba la espalda ahora, estaba acabada.
El pánico se apoderó de ella, apretándole el pecho cada segundo que pasaba. Se abalanzó hacia delante y agarró del brazo al subordinado de Collin, que iba en el asiento delantero. —Llame a Collin. ¡Ahora mismo! —Su voz temblaba por la urgencia.
El subordinado ni siquiera pestañeó. Su tono se mantuvo firme, casi indiferente. —Señorita Russell, si tiene algo que decir, se lo puedo transmitir al señor Riley.
Kylee abrió mucho los ojos, con el pecho oprimido por la conmoción. —¿Qué significa eso? ¿Está diciendo que Collin me ha dejado fuera definitivamente? ¡Somos amigos desde hace años! ¡No me dejaría así sin más!
Pero el subordinado ni se inmutó. Su tono siguió siendo plano, firme. —Solo sigo las instrucciones del señor Riley. Si se niega a cooperar, solo complicará las cosas para los dos».
La frustración le quemaba en el pecho, pero contuvo la ira.
Este subordinado llevaba años al lado de Collin. Enfadarlo solo le cerraría la puerta a su última oportunidad.
Respiró lenta y profundamente, obligándose a mantener la voz firme. «Lo entiendo».
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