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Capítulo 152:
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A su lado había un grupo de guardaespaldas altos y de rostro severo, cuya formidable apariencia subrayaba su importancia.
Joanna entrecerró los ojos y miró alternativamente a Linsey y a Collin con una mezcla de irritación e incredulidad.
Había orquestado astutamente la caída de Linsey con el objetivo de deshonrarla públicamente.
Su teléfono ya estaba listo para capturar la humillación, y las imágenes garantizarían que se convirtiera en objeto de burlas en Internet.
Sin embargo, Joanna no había previsto una intervención, y menos aún por parte de un hombre tan atractivo y atado a una silla de ruedas.
¿Quién era ese hombre que había frustrado sus planes con tanta facilidad? Cuando Joanna vio por primera vez a Collin, sus rasgos llamativos la cautivaron momentáneamente.
Sin embargo, cuando sus ojos se posaron en la silla de ruedas en la que estaba sentado, su admiración inicial se convirtió en desdén.
Su atractivo físico no cambiaba el hecho de que era un lisiado inútil. ¿De qué servía tener una cara bonita si ni siquiera podía mantenerse en pie?
Con la frustración a punto de desbordarse, Joanna se enfrentó a él con voz quebrada por el rencor. —¿Quién es usted? ¿Qué derecho tiene a entrometerse en esto?
Collin respondió con una risa fría y baja, con un tono amenazante en la voz: —¿Y quién es usted para cuestionarme? ¿Qué le da derecho a tratar así a Linsey?
Su presencia, aunque estaba sentado, parecía expandirse, llenando el espacio con una autoridad inquietante que hizo que los demás se movieran incómodos. Joanna, desconcertada por el tono asertivo de la voz de Collin, se detuvo, con su confianza vacilando. Se recompuso rápidamente y, con voz aguda, declaró: «¡Oh, Linsey sabe perfectamente de qué es culpable! Ha metido en la cárcel a una persona inocente, ¡y lo único que queremos es justicia para quien realmente la merece!».
Mientras tanto, Marisol, que había estado observando la escena desde la distancia, sintió un escalofrío de aprensión. Había algo en Collin que insinuaba profundidades inexploradas e intenciones ocultas.
A pesar de ello, la familia Wells no era conocida por rendirse sin luchar.
Con un movimiento de cabeza, la mirada de Marisol se volvió gélida y su tono se tiñó de un desdén apenas disimulado. —Te aconsejo que te vayas mientras puedas. Soy de la familia Wells. Si te metes con nosotros, sufrirás consecuencias que ni te imaginas.
Ante su advertencia, una sonrisa astuta se dibujó en los labios de Collin. Se mantuvo imperturbable y respondió con suavidad. —Ah, la familia Wells. Parece que las lecciones de Félix no han sido suficientes. Su familia sigue ejerciendo su poder con tanta imprudencia.
Marisol palideció ante su réplica. Su voz tembló ligeramente, delatando su conmoción. —¿Quién… quién es usted exactamente?
La severa expresión de Collin se suavizó por un instante cuando se volvió hacia Linsey y le tomó la mano con delicadeza. Su voz transmitía una certeza inquebrantable. —Soy el marido de Linsey, Collin Riley.
Marisol abrió los ojos como platos, con una mezcla de sorpresa y comprensión. —¿Tú… tú eres Collin Riley?
El hijo discapacitado de la estimada familia Riley… ¡el mismísimo Collin! ¡Así que el marido de Linsey no era otro que él! ¡Él era el cerebro detrás de todo!
A su lado, Joanna reflejaba el mismo asombro que Marisol. Joanna apenas podía creer que el hombre que tenía ante sus ojos formara parte de la familia Riley.
Los Riley eran conocidos por su formidable influencia, que iba mucho más allá de lo que cabría imaginar.
Pero ¿no era Collin solo un desecho de la familia, un nombre sin peso ni poder?
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