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Capítulo 129:
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Collin acercó su silla de ruedas a la cama de Linsey, con expresión interrogativa. «¿Crees que soy capaz de tal hazaña? Mi participación se limitó a llevar a Felix a la comisaría. Los acontecimientos posteriores se desarrollaron gracias a su propia investigación. Parece que Felix no pudo soportar el interrogatorio».
Las sospechas de Linsey disminuyeron al escuchar su explicación, aunque seguía sintiendo una sutil inquietud.
«Huntley también está implicado en esto. Si tu familia descubre todo lo que ha sucedido, ¿no tomará represalias contra ti, o incluso intentará coaccionarte?», expresó Linsey su preocupación.
Collin notó la preocupación grabada en el rostro de Linsey y sintió una oleada de calor. Le tomó la mano y la apretó suavemente. Su voz transmitía una calidez que llenó el espacio entre ellos, ofreciéndole consuelo. —No te preocupes. Como tu marido, es mi deber protegerte. Tú concéntrate en recuperarte. Yo me encargaré del resto.
Linsey levantó la vista y su corazón dio un vuelco al sentir la presencia tranquilizadora de Collin. Asintió ligeramente, con una sonrisa vacilante pero confiada. —Está bien. Confío plenamente en ti.
Collin la miró a los ojos y se detuvo, sintiendo el peso de su confianza sobre él. Se sintió reacio a volver a mirarla. Su fe ciega en él era evidente, pero él cargaba con secretos que no podía compartir. Anhelaba ser transparente con ella, pero la amenaza de crisis inminentes siempre parecía acabar con esa posibilidad. La presencia amenazante de Gorman, acechando en segundo plano, era una amenaza constante. Revelarle demasiado a Linsey podría ponerla en peligro también.
No podía decirle la verdad, todavía no. Respiró hondo y le apretó la mano con más fuerza. A pesar de los secretos, decidió compensarla de otras maneras. Mientras ella estuviera a salvo a su lado, estaba dispuesto a pagar cualquier precio.
Dos días más tarde, la paciencia de Linsey con el hospital se había agotado.
—Collin, necesito que me den el alta —dijo.
Collin respondió inmediatamente: —No, aún no te has recuperado del todo.
Linsey se mantuvo firme. —Ya he estado aquí suficiente tiempo. Tengo que volver al trabajo.
Todavía estaba en periodo de prueba y cualquier retraso podría poner en peligro su puesto. Aunque su jefe, Coen, le había concedido unos días libres después de conseguir un pedido crucial, no podía permitirse retrasar más su regreso. El proyecto para Anthea no se completaría solo.
Al ver su inquebrantable compromiso con su trabajo, Collin sintió una mezcla de admiración e impotencia. «¿Tan importante es tu trabajo que tu empresa no puede funcionar sin ti? Si es así, no pinta bien para su futuro».
Linsey se mordió el labio, debatiéndose entre revelar su secreto o no. Trabajaba para CR Corporation, la misma empresa a la que él debía una importante deuda. Le preocupaba que revelar esta verdad pudiera herir su orgullo, por lo que le había ocultado que trabajaba para CR Corporation.
«Tengo que volver, ¿de acuerdo?», insistió Linsey, con voz urgente.
Collin exhaló lentamente, con evidente preocupación. —¿Qué tipo de trabajo es? Quizás pueda ayudarte un poco.
Linsey se detuvo, sopesando cuidadosamente sus palabras. Decidió que era seguro mencionar a su cliente, siempre y cuando no revelara quién era su empleador. —Es solo un cliente importante —dijo finalmente.
Mientras hablaba, un recuerdo le vino a la mente. Recordó haber visto el coche de Collin salir de la villa de Anthea la primera vez que fue allí.
—Por cierto, Collin, ¿cómo conoces a Anthea Blakely? Es mi clienta esta vez y creo que vi tu coche en su villa —añadió.
Collin se quedó visiblemente desconcertado, ya que la conexión le pilló desprevenido. Consiguió mantener la compostura mientras explicaba: «Mi difunta madre y Anthea eran viejas amigas. Solo fui a visitarla ese día».
Linsey se sorprendió por esta revelación. Sabía que la madre biológica de Collin había fallecido hacía muchos años y decidió no indagar más, ya que no quería remover recuerdos dolorosos.
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