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Capítulo 119:
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Su voz denotaba preocupación y enfado, pero Collin no reaccionó.
Dominic se quedó paralizado, sorprendido por la angustia que se reflejaba en el rostro de Collin.
Siguiendo su mirada hacia la cama del hospital, Dominic volvió a contener la respiración.
Una mujer.
—Esto… —La voz de Dominic se quebró y una expresión de conmoción se dibujó en su rostro. Antes de que pudiera insistir en obtener respuestas, Collin lo interrumpió con tono urgente y severo—. Ahora no. Solo ve a ver a Linsey. Creo que le han dado algo muy fuerte.
Una sola mirada al pánico inusual de Collin fue suficiente. Dominic no perdió ni un segundo más. Sin decir palabra, se apresuró a organizar un examen completo para Linsey.
Mientras tanto, Collin fue conducido al despacho de Dominic para esperar, con el peso de la impotencia apretándole el pecho.
La espera se alargó, agotando la paciencia de Collin. Una energía inquieta se enroscaba en su interior mientras daba vueltas por la habitación, y cada minuto que pasaba apretaba más el nudo que tenía en el pecho. Más de una vez estuvo a punto de salir corriendo para ver cómo estaba Linsey, pero la severa advertencia de Dominic lo mantuvo atado, obligándolo a tragarse sus impulsos.
No podía quitarse de la cabeza la imagen: la forma en que Felix la había inmovilizado, su lucha desesperada. El recuerdo se repetía una y otra vez, alimentando el fuego que ardía en sus venas. La rabia lo invadió, cruda e implacable.
Era culpa suya. Le había fallado.
Si no se hubiera dado cuenta a tiempo de que algo iba mal… Solo pensarlo le revolvió el estómago. Ni siquiera quería pensar en lo peor que podría haber pasado.
Además, las marcas que habían quedado en la escena contaban una historia brutal: Linsey se había defendido con uñas y dientes. Drogada, desorientada, pero aún así resistiéndose a Felix con todas sus fuerzas.
Esa idea hizo que Collin respirara entrecortadamente.
No. Había sido demasiado lento.
Debería haberla recogido él mismo en el trabajo. Si lo hubiera hecho, nada de esto habría pasado.
El arrepentimiento se clavó en él como garras, arrastrándolo hacia la oscuridad. Se quedó allí sentado, perdido en sus pensamientos, con el peso de su fracaso presionándole con tanta fuerza que ni siquiera se dio cuenta de que Dominic había entrado en la habitación.
Al percibir la tensa atmósfera que rodeaba a Collin, Dominic dudó antes de dar un paso adelante. —He encontrado restos de una droga en el organismo de Linsey —dijo con cautela—. Por suerte, la trajiste a tiempo. Ahora está con un gotero y, tras descansar un poco, debería ponerse bien. Pero…».
Su mirada se posó en Collin, fijándose en su postura rígida y en la tormenta que se gestaba bajo su expresión.
—Collin, ¿qué demonios está pasando? —La voz de Dominic denotaba urgencia—. ¿Cómo ha acabado drogada?
Su expresión se ensombreció y la sospecha se reflejó en su rostro. —Tú no le has hecho esto… ¿verdad?
Collin apretó la mandíbula, pero no respondió a la acusación con indignación. En cambio, su voz era inquietantemente tranquila. —La secuestraron. La rescaté y la traje aquí.
La expresión de Dominic se endureció. —¿Quién demonios se atrevería a hacer algo así?
Collin exhaló bruscamente y se frotó las sienes. —Ya me he encargado del bastardo. Fue el exnovio de Linsey, Felix Wells.
Dominic frunció aún más el ceño. Había oído algunos detalles sobre el pasado de Linsey por Dustin, pero ¿esto? Era más complicado de lo que había imaginado.
—La familia de Felix tiene una pequeña empresa sin importancia —dijo Dominic, midiendo sus palabras—. Pero la droga que hay en el organismo de Linsey… No es algo que cualquiera pueda conseguir. Si no me la hubieras traído, la mayoría de los médicos ni siquiera la habrían reconocido, y mucho menos habrían podido rastrearla hasta su origen.
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