Mi esposo millonario: Felices para siempre - Capítulo 1183
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Capítulo 1183:
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Linsey se dio la vuelta y lo miró con furia en los ojos. «¡Si no fuera por ti, ya me habría casado con Félix! ¡Un monstruo como tú merece quedar lisiado, y no me extraña que tu novia haya decidido abandonarte!».
Las palabras de Linsey golpearon a los guardaespaldas como un rayo, y sus ojos se abrieron con incredulidad. Ninguno de ellos podía comprender que ella se hubiera atrevido a tocar la herida más profunda de Collin, aparentemente buscando la muerte.
La oscuridad consumió por completo la expresión de Collin, cuya mirada penetrante se clavó en ella con un aura capaz de congelar la sangre en las venas. —Repite eso si te atreves.
El hielo inundó las venas de Linsey ante su tono glacial, y un temblor recorrió todo su cuerpo. Cada fibra de su ser gritaba que sus palabras habían encendido la furia de Collin. Este loco no mostraría piedad, y sobrevivir significaba suplicar perdón. Sin embargo, aunque sabía que era cierto, su orgullo se negaba a rendirse, y una fría sonrisa se dibujó en sus labios. —¿He dicho algo malo?
Como era de esperar, Collin sacó la pistola y apuntó directamente a su corazón. Un fuego peligroso brillaba en sus ojos entrecerrados mientras una risa cruel escapaba de su garganta. —¿De verdad crees que no me atreveré a matarte? Las mujeres hacen cola para casarse conmigo.
—Entonces adelante, mátame. —El desafío brillaba en el mentón levantado de Linsey mientras una risa despectiva brotaba de sus labios—. De todos modos, es mejor que casarme con un monstruo como tú.
Collin se sintió genuinamente sorprendido por la valentía de Linsey. Félix la había abandonado sin pensarlo dos veces, y allí estaba ella, dispuesta a sacrificar su vida por defender a un hombre tan despreciable.
Collin se sintió desconcertado mientras luchaba por decidir si su valentía merecía admiración o si su estupidez merecía burla.
Collin irradiaba frialdad. Todos los presentes contuvieron la respiración, seguros de que estaban a punto de ver sangre, incluso la propia Linsey aceptaba su destino. Los nudillos blancos se aferraban a la delicada tela de su vestido de novia mientras el sudor frío se acumulaba en sus temblorosas palmas. La desesperación se instaló como un peso en su pecho mientras se preparaba para lo inevitable.
Contra todo pronóstico, el dedo de Collin nunca encontró el gatillo. En cambio, su mano se levantó lentamente y guardó el arma con deliberada calma.
La conmoción recorrió a Linsey ante esta inesperada misericordia. «¿No vas a matarme?».
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La incredulidad nubló sus pensamientos: sin duda, un demonio como él no la perdonaría sin motivo.
Una risa cruel destrozó su breve esperanza cuando los labios de Collin se curvaron en una sonrisa burlona. —Dejarte escapar tan fácilmente sería demasiado amable. Hacer de tu vida un infierno me parece mucho más entretenido.
«Tú…». La furia se apoderó del tembloroso cuerpo de Linsey, cuya mente daba vueltas mientras él seguía negándose a liberarla de aquella pesadilla.
Collin ignoró por completo su indignación y centró su atención en los hombres que esperaban.
—Id a buscar al sacerdote para que oficie la boda.
—Sí, señor.
Rápidos como sombras, los guardaespaldas arrastraron al sacerdote acobardado desde su escondite en un rincón, con amenazas silenciosas más persuasivas que cualquier palabra. El terror paralizó al hombre santo, dejándole sin otra opción que obedecer y reanudar la ceremonia con manos temblorosas.
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