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Capítulo 975:
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Charlee lo miró, con el corazón latiendo ligeramente.
No esperaba que Marc le sugiriera que trabajaran juntos.
—Tú… —Se detuvo—. ¿No confiabas en mí?
No podía olvidar lo frío y distante que había sido Marc antes. Como si pudiera leerle la mente, Marc dijo lentamente: —Seguimos siendo marido y mujer. Es lógico que afrontemos este problema juntos.
Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Charlee.
«¿Marido y mujer?». Qué ironía.
Este hombre había estado dispuesto a destruirla por Bettina hacía poco tiempo.
Y ahora hablaba como si estuvieran unidos por el deber, destinados a permanecer juntos.
Simplemente no podía saber lo que pensaba realmente.
—Deberías irte ya —dijo Charlee con voz aguda, teñida de una frialdad definitiva—. Tengo que trabajar.
Sin mirar a Marc, abrió el portátil y empezó a escribir.
No tenía intención de prolongar la conversación, ni de dejarse llevar y perder el control otra vez. Lo último que necesitaba era volver a enamorarse de él.
El aire entre ellos se volvió gélido en un instante.
Marc se quedó mirando su silueta fría y distante, con la decepción apretándole el pecho.
Quería explicarse, arreglar las cosas, pero las palabras se le atascaron en la garganta, negándose a salir.
Durante un momento, se quedó allí en silencio, pero luego, al darse cuenta de que no tenía otra opción, se dio la vuelta y salió en silencio de la habitación del hospital.
Cuando la puerta se abrió, una figura lo saludó, una que le revolvió el estómago con desdén.
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Liam.
A pesar de que sus recuerdos aún eran fragmentarios, Marc sintió un rechazo instintivo hacia aquel hombre.
No sabía por qué, pero la mera visión de Liam le llenaba de un disgusto inexplicable.
—¿Hmm?
Charlee oyó crujir la puerta y supuso que era una enfermera haciendo su ronda. Pero en cuanto levantó la vista, su expresión se ensombreció. En la puerta estaba la última persona a la que quería ver: Liam.
No había cambiado nada en él: seguía llevando esa máscara pulida y caballerosa, su traje de diseño hecho a la perfección, las gafas con montura dorada perfectamente colocadas sobre la nariz. Sus labios esbozaban esa sonrisa siempre ensayada y siempre falsa, la imagen perfecta del encanto refinado. Pero Charlee no se dejaba engañar. Sabía lo que se escondía bajo esa fachada cuidadosamente construida: algo mucho más oscuro.
Aún recordaba cómo la familia Todd había huido en desgracia tres años atrás, arrastrando lo que quedaba de su fortuna al exilio para escapar de la ira de Marc.
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