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Capítulo 97:
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«¿Tengo que firmarlo ahora?», preguntó Stacey vacilante, con voz temblorosa. «¿Y si hay alguna trampa?».
Charlee soltó una risa burlona y aguda, con un tono cortante como una navaja. —A diferencia de ti, yo no me rebajo a ese nivel.
—Tú… —Stacey temblaba de rabia, pero no le salían las palabras.
Keith, atrapado entre la preocupación y la impotencia, apretó los puños con frustración. —Charlee…
La voz de Charlee era firme, pero no había duda de la firmeza de sus palabras. —Papá, ya os he dado una oportunidad a los dos.
Los ojos de Stacey se llenaron de lágrimas, dispuesta a recurrir a su estrategia habitual de fingirse víctima. En ese momento, uno de los abogados que había estado observando en silencio el intercambio carraspeó y habló.
Ajustándose las gafas de montura dorada, con voz tranquila pero autoritaria, dijo: «Soy Harry Reid, abogado jefe del bufete Peacekeeper. Sra. Stacey Sullivan, si sospecha que la Sra. Charlee Sullivan y yo hemos conspirado para defraudarla, puede denunciarme directamente al bufete».
La sala quedó sumida en un silencio inquietante, cargado de conmoción. Todas las miradas se volvieron hacia Harry con incredulidad.
¿El bufete Peacekeeper?
Ese nombre tenía un peso inmenso: era uno de los tres bufetes más prestigiosos de Jurgh y de todo el país.
Sus abogados no tenían rival, con un historial impecable en los tribunales.
Aún más desconcertante era su clientela: élites poderosas como la familia Harris. Casos como este estaban por debajo de su nivel.
Stacey estaba estupefacta, con la expresión congelada por la incredulidad. Le temblaban los labios, pero no podía articular palabra.
Keith miró a Charlee, asombrado.
¿Cómo demonios había conseguido los servicios de un bufete como Peacekeeper?
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Charlee estaba de pie, con los brazos cruzados con naturalidad y un atisbo de triunfo en los ojos. Su mirada recorrió la sala antes de posarse en Stacey, cuyo rostro se había vuelto pálido como el de un fantasma. Su tono era gélido cuando preguntó: —Bueno, Stacey, ¿alguna otra preocupación?
Harry miró a Charlee con un destello de respeto.
Al principio, había dudado del criterio de Marc al asignarle como asesor de Charlee. Pero ahora veía que la había subestimado. Charlee era astuta, calculadora y estratégica; no era de extrañar que Marc la valorara tanto.
Stacey se mordió el labio con tanta fuerza que parecía que iba a sangrar. La ira y el resentimiento se agolpaban en su interior. ¿Por qué? ¿Por qué Charlee siempre tenía a alguien que la respaldaba? ¿Cómo conseguía siempre salir ganando?
Apretando los dientes, Stacey arrebató los documentos de transferencia de acciones y los firmó apresuradamente, sin molestarse en leer una sola palabra.
En cuanto terminó, se enderezó de un salto, agarró su bolso y se precipitó hacia la puerta, incapaz de soportar ni un segundo más en la habitación.
—Detente.
La voz de Charlee cortó el aire como el hielo, deteniendo a Stacey en seco. Un escalofrío le recorrió la espalda.
Stacey se volvió y miró a Charlee con ira. —¡Ya te di las acciones! ¿Qué más quieres de mí?
La fría mirada de Charlee la atravesó, deshaciendo cualquier fachada. —Es hora de que respondas por sabotear la línea de producción de Green Biopharmaceuticals.
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