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Capítulo 947:
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Hace tres años, la familia Walsh había buscado expandirse a Hogathorp, forjando una alianza matrimonial con la familia Ellis.
Bettina y Philip no habían sido más que peones en su juego.
Los Walsh pretendían acceder al bastión de los Ellis, mientras que estos, a su vez, tenían la mirada puesta en una parte considerable de los beneficios del mercado nacional del imperio Walsh.
¿La ironía? La noche en que Bettina huyó de ese matrimonio concertado, se topó con Marc, maltrecho, apenas consciente, arrastrado por el mar hasta la orilla. Su corazón nunca había latido tan rápido.
Él no se parecía a nadie que hubiera conocido jamás. Su sola presencia bastaba para atraerla.
Y el destino le había jugado una mala pasada, porque aquel hombre misterioso y herido resultó ser Marc Harris, el heredero de la familia más rica de la ciudad.
Desde ese momento, tomó una decisión.
Rompio el compromiso con la familia Ellis y reclamó su lugar al lado de Marc. Él había perdido la memoria, pero para ella eso era una oportunidad.
Y ahora, después de todo este tiempo, Philip tenía la osadía de aparecer delante de ella. De mirarla con esos ojos.
Era peligroso. Como jugar con fuego.
Philip soltó una risita, sacudiendo la cabeza, con una mirada divertida.
—Bettina, si Marc significaba realmente algo para ti, ¿por qué la señora Walsh acudió a Andrew para su supuesto «tratamiento»? ¿O es que no quieres que Marc recuerde nada?
Bettina se quedó pálida. Se puso en pie de un salto y espetó con voz aguda y llena de incredulidad: —¡¿Qué tonterías estás diciendo?!
Philip se limitó a encogerse de hombros, indiferente.
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—Vamos, Bettina. Los dos somos personas inteligentes. ¿Por qué seguir fingiendo?
Su sonrisa se desvaneció y su tono se volvió frío, profesional.
—Trabajemos juntos.
—¿Cuáles son tus condiciones?
Bettina hizo girar la cuchara de plata entre sus dedos, con expresión indescifrable.
Philip no dudó. —Quiero los derechos del mercado internacional del Grupo Harris. —Se reclinó ligeramente en la silla, observando su reacción—. Una vez que tú y Marc estén juntos, y después de su trasplante de nervios artificiales, cuando haya perdido la memoria para siempre.
—¿Qué? —Bettina se quedó paralizada.
Se le cortó la respiración y abrió los ojos con incredulidad.
—¿Los derechos del mercado internacional? Philip, ¿has perdido la cabeza? ¡Eso es el treinta por ciento de los beneficios netos del Grupo Harris! ¿Te estás escuchando?».
Ese mercado era el sustento de la empresa.
Philip permaneció impasible. Ni siquiera parpadeó.
En cambio, se limitó a sonreír. «Bettina, seamos sinceros. ¿De verdad crees que tienes otra opción?».
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