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Capítulo 921:
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Giró la cabeza, con el rostro desencajado por el resentimiento.
—¡Slater! ¿Qué hacía yo allí? ¡Fui a Crescent Haven para enfrentarme a esa maldita Charlee! —Su voz era ronca y rebosaba frustración—.
¡Fui allí para que me entregara el Grupo Harris! Pensé… ¡Pensé que entraría en razón y se pondría de nuestro lado! Pero quién iba a saber… ¿Quién iba a saber que estaría tan ciega?
Su agitación aumentó y su pecho se agitó dolorosamente. El movimiento le tiró de las heridas, haciéndole hacer una mueca de dolor.
—Charlee… Charlee se puso del lado de ese bastardo de Marc y… ¡y me hizo dar una paliza! Slater, ¡fui un idiota por confiar en ella!
Slater lo estudió atentamente, con una expresión cada vez más sospechosa. Algo no cuadraba. Podía sentirlo: Fenton no le estaba contando todo.
—Fenton, ¿eso es todo lo que hay? —Su tono era firme, pero su mirada penetrante no vaciló.
Un destello de culpa cruzó el rostro de Fenton antes de que lo ocultara rápidamente—. ¡Slater! ¿Qué más podría ser? ¿Qué crees que estaba haciendo? —Su voz era defensiva, casi demasiado enérgica.
—Odio a la familia Harris. ¡No deseo nada más que verlos arruinados! ¡Fui a ver a Charlee para que renunciara al Grupo Harris, para vengar a la familia Quimby!
Slater no apartó la mirada, evaluando en silencio cada cambio en el comportamiento de Fenton.
Tras una tensa pausa, finalmente habló.
—Está bien. Deberías descansar. Si recuerdas algo más… avísame. —Con eso, se dio la vuelta y salió de la habitación.
El médico terminó de colocar los vendajes, recogió sus cosas y lo siguió.
La habitación quedó en silencio. Solo se oía la respiración entrecortada de Fenton, que llenaba el vacío.
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Yacía allí, mirando al techo, su mente reviviendo cada momento en Crescent Haven.
Slater bajó las escaleras con paso pesado, la expresión nublada por una tormenta de emociones. En sus ojos brillaba el alivio: Fenton había entrado finalmente en razón y había dado marcha atrás antes de cometer una imprudencia catastrófica.
Pero bajo ese alivio había una inquietud lacerante, como una espina clavada en lo más profundo de su pecho, imposible de ignorar. Algo no le cuadraba.
Fenton, por imprudente que fuera, no era un completo idiota. Tenía que saber que no había forma de que pudiera sacar nada de Charlee por su cuenta. Y, sin embargo, había vuelto maltrecho y destrozado.
Había algo más, algo que acechaba bajo la superficie, y a Slater no le gustaba lo que eso implicaba.
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