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Capítulo 893:
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Algo no iba bien. Slater ocultaba algo.
Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
Su asistente entró.
—Señor Swain.
Westin agudizó la mirada. —¿Dónde está Fenton?
El asistente dudó un momento antes de responder. —Cuando subí con él, nos encontramos con el señor Slater Quimby. Los dos hablaron un rato… y luego el señor Slater se lo llevó.
—¿Se lo llevó? —Westin frunció el ceño.
—Sr. Swain, aquí tiene la medicina que pidió. —El asistente le entregó el frasco.
Pero Westin lo rechazó con un gesto desdeñoso.
En realidad no lo necesitaba, el dolor de espalda era solo una excusa.
—Investiga los contactos recientes de Slater. Especialmente… cualquier mujer —ordenó con voz baja y mesurada.
—¿Mujeres? —El asistente dudó medio segundo antes de darse cuenta de lo que quería decir. —Sr. Swain, ¿quiere decir que el Sr. Slater Quimby podría…?
—Cállate —la mirada gélida de Westin lo atravesó como una navaja—. No hagas preguntas que no debes.
El asistente se puso rígido y bajó rápidamente la cabeza. —Sí, Sr. Swain. Lo investigaré de inmediato».
Con eso, salió apresuradamente.
Westin se recostó contra el sofá, con el rostro nublado por la sospecha. Apretó los puños y las venas de los nudillos se le marcaron como alambres de acero.
«Slater… más te vale no decepcionarme», murmuró entre dientes.
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Slater salió del hotel con Fenton a cuestas.
El coche se deslizó sin esfuerzo por la noche, pero la tensión en el interior era sofocante, tan densa que casi se podía palpar.
Sentado en la parte trasera, Slater permanecía en silencio, con el rostro tallado en piedra y una presencia imponente.
A su lado, Fenton estaba rígido, con los dedos cerrados en puños y los nudillos pálidos por la tensión.
—A la mansión de las afueras —ordenó finalmente Slater, con voz aguda y fría como el hielo.
El cuerpo de Fenton se tensó involuntariamente.
La mansión suburbana, el mismo lugar donde una vez lo habían mantenido cautivo.
No. No podía volver allí.
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