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Capítulo 870:
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Ganar la subasta y conocer a Dougal eran dos cosas cruciales para ella.
Aunque ya habían hablado por Internet, este nuevo acontecimiento la hizo replantearse quién era el hombre que tenía delante.
—Más tarde te lo presentaré en persona —le ofreció Slater con suavidad.
Charlee apretó el puño y se preparó para responder.
—Se lo agradezco mucho, señor Quimby —dijo con voz firme, manteniendo la expresión serena.
Slater sonrió, con las comisuras de los labios curvadas en una expresión de naturalidad que la hizo desconfiar.
—Es un placer ayudarla. De hecho, me encantaría conocerla mejor.
Charlee lo miró a los ojos y esbozó una sonrisa cortés que apenas le llegó a los ojos.
¿Amigos?
Dudaba mucho que hubiera una camaradería genuina entre ellos.
Slater había sido un enigma desde el principio, y su instinto le decía que mantuviera las distancias.
Pero por Dougal, por el bien de recuperar el anillo, no tenía más remedio que bajar la guardia temporalmente.
—Entonces se lo agradezco de antemano, señor Quimby —dijo con ligereza, aceptando tácitamente su oferta.
Slater inclinó ligeramente la cabeza, sin decir nada más.
Simplemente permaneció a su lado, esperando pacientemente a que comenzara la subasta.
Charlee también se quedó en silencio, bebiendo su vino.
Su mirada recorrió el gran salón, buscando cualquier señal de Dougal.
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En medio de la charla, un leve murmullo llegó a sus oídos.
—Marc, mira, ¿no es ese…?
El corazón de Charlee se hundió.
Lentamente, se volvió hacia la voz.
Allí, acercándose con aplomo inquebrantable, estaba Bettina, con la mano elegantemente apoyada en el brazo de Marc.
Envuelta en un brillante vestido rosa claro adornado con delicadas lentejuelas, Bettina se movía con gracia natural, y la suave tela reflejaba la luz con cada paso.
Marc seguía llevando el mismo traje negro.
Estaba impecablemente confeccionado y se ajustaba a su alta y imponente figura con una precisión natural.
Sin embargo, a pesar de su perfección, había algo inquietante en él. Irradiaba frialdad. Su mirada gélida recorrió la sala.
En el momento en que sus ojos se encontraron, el corazón de Charlee se detuvo por un instante.
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