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Capítulo 843:
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—Señorita Sullivan… —Mooney intentó persuadirla de nuevo.
—¡He dicho que se aparte! —Su voz era afilada como una navaja y cortaba el aire con tal fuerza que Mooney retrocedió instintivamente, sintiendo un escalofrío recorriendo su espalda.
Sabía que ella no iba a ceder.
Charlee balanceó las piernas por el borde de la cama, pero en cuanto se puso de pie, una oleada de debilidad la invadió. Su visión se nubló y se tambaleó, a punto de caer.
Mooney se apresuró a sujetarla. —Señorita Sullivan, déjeme ayudarla.
—No, gracias —respondió ella con voz firme mientras apartaba sus manos y se armaba de valor para combatir el mareo.
Con pura determinación, obligó a sus piernas a moverse, dando cada paso con cuidado mientras se dirigía hacia la puerta.
—Señorita Walsh, ¿qué cree que está haciendo exactamente? —La voz de Charlee era gélida mientras se plantaba en el umbral de la apartada villa.
Vestida con un elegante traje negro de corte perfecto, irradiaba una elegancia natural.
El exquisito maquillaje de su rostro ocultaba la palidez persistente de la fiebre, pero nada podía ocultar el fuego que ardía en sus ojos: oscuros, tormentosos y rebosantes de furia implacable.
Mooney seguía a Charlee como una sombra, con el rostro marcado por la preocupación. Sin embargo, estaba atado por una correa invisible, demasiado indeciso para dar un paso adelante y detener lo que estaba sucediendo.
Bettina estaba de pie en la puerta, vestida de blanco, una visión de fragilidad que parecía romper el aire a su alrededor.
Bloqueó el paso a Charlee, con expresión inocente y los ojos muy abiertos. —Señorita Sullivan, ¿qué hace aquí? Marc acaba de quedarse dormido, por favor, no lo moleste».
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«Apártese». El tono de Charlee era frío como el hielo, desprovisto de cualquier calor o emoción.
«Señora Sullivan, no puede entrar», insistió Bettina, con los labios temblorosos y una expresión de vulnerabilidad. «Marc necesita descansar, y usted solo le hará daño si sigue adelante…».
«¡He dicho que se aparte!».
Charlee había llegado al límite de su paciencia.
Desde los recuerdos perdidos de Marc hasta Bettina usurpando su lugar, pasando por los enfrentamientos hostiles en la junta de accionistas, Charlee había esperado el momento oportuno, manteniendo la compostura ante cada desafío.
Entendía el valor de la serenidad, el poder de esperar hasta que llegara el momento adecuado.
¿Pero ahora? El momento de la paciencia había pasado.
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