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Capítulo 789:
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En ese momento, las lágrimas de Bettina finalmente se derramaron.
Marc bajó la mirada hacia Bettina, con tono suave. «No llores. Mientras yo esté aquí, nadie te maltratará».
Aunque le hablaba a ella, sus ojos se dirigieron hacia Arnold. Marc permaneció sereno, pero con un innegable aire de autoridad. Arnold, sin embargo, estaba empapado en sudor. ¡Qué desastre!
La memoria de Marc había sido completamente borrada, pero esta señorita Walsh se había arraigado profundamente en él de alguna manera. Seguía cada una de sus palabras sin dudar. Amaya había sido clara: solo Marc podía entrar. Si Bettina insistía en acompañarlo, Arnold se encontraría en un aprieto.
—Sr. Harris, por favor, escuche a la Sra. Harris —instó Arnold, bajando la voz—. La Srta. Walsh puede visitarla otro día. La señora es mayor y no soporta bien las sorpresas. Si hoy…
—Es diferente —la interrumpió Marc con voz fría, sin admitir réplica—. Bettina es mi prometida, la futura matriarca de la familia Harris. Tiene todo el derecho a conocer a la abuela.
Es tradición y es lógico».
En ese momento, un lujoso vehículo color champán entró en el patio, rompiendo el silencio con su llegada.
La puerta se abrió de par en par, dejando ver a Charlee, que llevaba nada menos que a Kason. Vestido con un traje en miniatura, el niño no parecía muy contento. Sus pequeños labios formaban un puchero y sus ojos oscuros se clavaron en Bettina, que seguía aferrada al brazo de Marc.
El ambiente se tensó de repente.
Arnold, al ver a Charlee, exhaló aliviado y se apresuró a acercarse. —¡Señora, ya ha llegado! Esta situación…
Charlee miró a Bettina y a Marc antes de hablar con voz tranquila. —Es comprensible que Marc haya traído a casa a la mujer que lo salvó. Entremos. Hablaré con Amaya.
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Tranquilizado, Arnold se hizo a un lado. —Señor, señorita Sullivan, señorita Walsh, pasen, por favor. Bettina apretó los puños y la frustración brilló en sus ojos.
No esperaba que Charlee tuviera tanta influencia.
Ocultando su irritación, apretó el brazo de Marc y murmuró: —Marc, entremos.
La señorita Sullivan tiene razón: ver a tu abuela es lo primero».
Hizo hincapié deliberadamente en «señorita Sullivan» y añadió: «No soy solo alguien que rescató a Marc. Soy su prometida y pronto seré su esposa».
Volviéndose hacia Charlee, su voz transmitía un desafío velado. «Señorita Sullivan, usted no es de la familia. Sería mejor que no visitara la finca Harris con demasiada frecuencia». Luego, con una dulce sonrisa, le tendió las manos a Kason. —Kason, te trataré bien a partir de ahora.
El niño frunció el ceño y se refugió en los brazos de Charlee. Su voz suave, pero firme, resonó: —No me gustas. La sonrisa de Bettina se congeló y su confianza se tambaleó.
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