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Capítulo 786:
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Con una risa amarga, volvió a coger la botella de whisky y dio otro trago, el ardor adormeciendo sus nervios.
Esto era culpa suya. Y ahora, todo se estaba desmoronando.
Al día siguiente.
Se oyó un golpe seco en la puerta. La secretaria de Jax entró con tono respetuoso. —Señor Harris, la señora Sullivan quiere verle.
Jax se enderezó el traje, respiró hondo y se dirigió al despacho de Charlee.
Abrió la puerta y la encontró sentada detrás de su escritorio, con una expresión indescifrable mientras lo miraba.
—Ya está aquí —dijo con tono seco.
—Señora Sullivan, ¿quería verme? —Jax se esforzó por mantener la voz firme.
Sin decir palabra, Charlee arrojó un documento sobre el escritorio frente a él. —Échale un vistazo. Ya he investigado el contrato del Proyecto Blue Sky.
Jax lo recogió y echó un vistazo al contenido. Vio la confesión de Leland.
La voz de Charlee era engañosamente tranquila. —Realmente te has superado, Jax. Para salvarte, has sacrificado a una persona inocente. Esperaba mucho de ti, pero ni siquiera yo pensaba que llegarías tan bajo».
Una oleada de pánico se apoderó del pecho de Jax, pero rápidamente lo disimuló. —Señorita Sullivan, yo no tengo nada que ver con esto. Leland actuó por su cuenta…
Charlee lo interrumpió con una risa cortante.
—¿En serio?
La mirada de Charlee se volvió gélida—. ¿Me tomas por tonta? ¿De verdad crees que me voy a tragar esas excusas tan patéticas?
Jax se quedó con la boca seca.
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El rostro de Jax se quedó sin color.
—No hay nada más que discutir. Se lo voy a dejar todo al departamento legal. En cuanto a ti… —Hizo una pausa—.
Voy a reconsiderar seriamente tu futuro aquí.
A Jax se le revolvió el estómago.
Charlee no necesitaba decirlo abiertamente: ya había tomado una decisión.
Salió tambaleándose de su oficina, sintiendo como si el suelo hubiera desaparecido bajo sus pies.
De vuelta en su oficina, Jax se derrumbó en su silla y cerró los ojos. La cara de Wilma apareció en su mente: dulce, inocente, ajena a la tormenta que se avecinaba.
Mientras tanto, en una villa suburbana, Marc caminaba de un lado a otro del salón, con el ceño fruncido en profunda reflexión. Por más que lo intentaba, no podía quitarse de la cabeza las imágenes del banquete: la forma en que Charlee lo había mirado, el dolor y la determinación en sus ojos. Había algo en ello que le cortaba como una navaja.
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