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Capítulo 783:
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Una voz fría y automatizada le respondió:
«Lo sentimos, el número al que ha llamado no está disponible en este momento. Por favor, inténtelo más tarde».
Wilma contuvo el aliento. Volvió a marcar. Y otra vez. Cada vez, la misma respuesta.
Apretó el teléfono con tanta fuerza que era un milagro que no lo rompiera.
Pero seguía sin haber respuesta.
El corazón de Wilma latía con fuerza por el terror.
¿Por qué no contestaba Pearl? ¿Estaba cortando toda relación ahora que todo se estaba desmoronando?
Pearl había sido quien se había acercado a ella primero, jurándole que si firmaba en secreto el contrato del Proyecto Cielo Azul, tomarían el control del Grupo Harris.
Pero ahora, con Marc de vuelta y el proyecto desmoronándose, Pearl había desaparecido.
Cuanto más lo pensaba Wilma, más sofocante se volvía el miedo.
Se acurrucó y se agarró la cabeza mientras los sollozos sacudían su cuerpo.
¿Qué debía hacer? ¿Qué podía hacer?
Jax la mataría si descubría la verdad.
Y Charlee… Charlee tampoco la dejaría salir ilesa. Era el fin para ella. Se había acabado.
Jax condujo hasta la sede del Grupo Harris con la mandíbula apretada y la frustración pesando sobre él.
En cuanto llegó, entró en el despacho de la directora general sin siquiera llamar a la puerta. Charlee estaba sentada detrás de su amplio escritorio, girando distraídamente un bolígrafo entre los dedos, con expresión serena, casi como si lo estuviera esperando.
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Jax apartó la silla que tenía delante y se dejó caer en ella, cruzando las piernas con pereza. —Señorita Sullivan, ¿qué pasa? No tengo tiempo que perder.
Charlee no reaccionó a su actitud despreocupada. En lugar de eso, deslizó un documento hacia él por el escritorio, con voz gélida. —Mírelo usted mismo.
Jax dudó un instante antes de coger el expediente. Al abrirlo, sus ojos se posaron en dos informes de análisis caligráfico. Uno comparaba la firma del contrato del Proyecto Blue Sky con una muestra de su propia letra.
El parecido era asombroso.
La sonrisa indiferente de Jax desapareció y sus ojos se entrecerraron con sorpresa. Estudió las dos firmas con atención, frunciendo el ceño. Eran casi idénticas, pero al observarlas más detenidamente, había ligeras variaciones, detalles sutiles que solo alguien muy familiarizado con su letra podría notar. Y él lo notó.
La mente de Jax se aceleró. Solo había una persona que podía falsificar su firma tan perfectamente. Wilma. Habían crecido juntos, practicando la escritura uno al lado del otro. Su letra era casi idéntica a la de él. Solo él podía detectar las pequeñas diferencias.
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