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Capítulo 771:
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Ella enroscó los dedos alrededor del brazo de Marc, acercándolo hacia ella.
—Sí —ronroneó Bettina—. Marc, ¿por qué no les dices algo a todos?
La expresión de Marc seguía siendo una máscara de piedra, indescifrable y distante.
Bettina le dio una palmadita suave en la mano, con una voz sedosa y burlona. —Marc, ella es Charlee Sullivan, directora ejecutiva del Grupo Sullivan, tal y como te dije.
Marc finalmente dirigió la mirada hacia Charlee, pero fue como una ola rompiendo contra la orilla: fría, inflexible y distante.
«Hola». Su saludo fue tan vacío como el espacio entre las estrellas, cada sílaba un fragmento afilado que se clavaba en el corazón de Charlee.
La voz de Bettina rompió el silencio una vez más, con palabras dulces pero cargadas de veneno. —Hace tres años, Marc tuvo un accidente, pero, afortunadamente, yo lo salvé. —Su sonrisa era empalagosa, cada palabra un veneno lento—. Pasamos un tiempo recuperándonos en Zamdon e incluso celebramos una ceremonia de compromiso. Cuando nos casemos, nos aseguraremos de invitar a todos.
El rostro de Charlee se quedó sin color. La sangre se le fue de la cabeza, dejándola mareada, con los labios temblorosos, pero incapaz de articular palabra.
Solo podía mirar al hombre que una vez conoció, ahora tan desconocido, de pie junto a otra mujer, con una distancia entre ellos tan dolorosa como mil sueños rotos.
Marc, sin embargo, captó el breve destello de tristeza que pasó por los ojos de Charlee. Una extraña y inesperada punzada se agitó en lo más profundo de su ser, como si algo se hubiera roto en su pecho.
Fue fugaz, un fantasma de una emoción que no podía comprender.
Intentó buscar en su memoria, pero todo estaba en blanco. No le venía nada a la mente.
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—¿Por qué…? —La voz de Charlee se quebró, frágil como el cristal bajo presión.
—¿Por qué…?
Marc frunció el ceño, claramente confundido.
—¿Nos… conocemos?
Su pregunta salió suave, casi un susurro, envuelta en una nube de incertidumbre.
Las palabras golpearon a Charlee como un rayo, dejándola clavada en el sitio. Atónita. Sin palabras.
Él no la recordaba. ¿De verdad no la recordaba?
—¿Por qué… por qué?
Su voz era una súplica desesperada, un susurro ahogado que imploraba una respuesta.
Bettina, que observaba con una mirada de maliciosa satisfacción, aprovechó al máximo la conmoción de Charlee. Con un movimiento rápido e implacable, empujó a Charlee, haciéndola trastabillar hacia atrás.
—¡Charlee! —La voz de Bettina cortó el aire, aguda y llena de malicia—. ¿Cómo te atreves a preguntar por qué? ¿Has olvidado lo que le hiciste a Marc hace tres años?
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