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Capítulo 763:
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Los diamantes incrustados en la tela captaban la luz y brillaban con cada movimiento, un silencioso testimonio de elegancia.
Su larga melena estaba recogida con arte, dejando al descubierto un cuello esbelto que añadía un aire de sofisticación a su ya majestuosa presencia.
—¡Señorita Sullivan, está absolutamente deslumbrante! —exclamó Mooney, con voz llena de admiración sincera.
Charlee se detuvo ante el espejo y dejó que una sonrisa suave y cómplice se dibujara en los labios.
—Vamos —dijo con voz firme, pero con autoridad—. Es hora de conocerlos.
Mientras se dirigía hacia la puerta, una vocecita aguda la llamó.
Esa misma mañana, Arnold había ido a la mansión de los Harris a recoger a Kason, y ahora habían regresado.
—Mamá, ¿adónde vas?
Kason estaba en la puerta, con su diminuto traje y sus grandes ojos oscuros llenos de curiosidad.
Charlee dudó un instante y su rostro se suavizó cuando la frialdad se derritió en una sonrisa amable.
—Cariño, mamá va a un banquete.
Las piernas pequeñas de Kason se movieron rápidamente y corrió hacia ella, rodeando su pierna con los brazos y estirando el cuello para mirarla.
—¿Qué es un banquete? ¿Hay comida rica?
Charlee se agachó y le pellizcó suavemente las mejillas redondas y suaves.
—Un banquete es un lugar donde se reúnen muchas personas para comer y hablar. Y sí, habrá comida deliciosa.
Los ojos de Kason brillaron, su emoción era palpable.
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—Entonces, ¿puedo ir contigo, mami?
Charlee se detuvo, con el corazón encogido ante la idea. Pero no se trataba de una reunión cualquiera, sino de una convergencia de poder e influencia. No quería que su pequeño se viera envuelto en medio del fuego cruzado.
—Esta vez no, cariño. Mamá tiene asuntos importantes que atender —le explicó con voz tierna pero firme.
Los labios de Kason temblaron y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¡Siempre dices lo mismo! ¡Pero nunca me llevas!
Ver a su hijo tan angustiado fue suficiente para que a Charlee se le partiera el corazón. No pudo soportarlo.
Desesperada por cambiar de tema, lo intentó.
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