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Capítulo 760:
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«Es una historia para otro momento…».
Mientras tanto, al otro lado.
«Fenton ha escapado».
El asistente se plantó ante Slater con voz urgente.
Slater permaneció sentado en su espacioso sillón, dando ligeros golpecitos con los dedos sobre el escritorio, como si la noticia no fuera más que otra pequeña ola en el mar de su día. Sin embargo, sus ojos no delataban nada, solo mostraban una máscara impasible de estoicismo.
—¿Y la vigilancia? —preguntó con voz suave como el terciopelo.
—Lo hemos comprobado. Charlee ha sido vista en la zona. El asistente tenía la frente cubierta de gotas de sudor y hablaba deprisa, como si intentara escapar de la tensión que se había creado en la habitación.
Slater dejó de dar golpecitos y esbozó una leve sonrisa.
—Je. A mi querido hermano le gusta traspasar los límites, ¿verdad?
Se levantó y se acercó a la ventana, que iba del suelo al techo, como un depredador que rodea a su presa.
—Le advertí que no tentara al destino —murmuró Slater para sí mismo, casi como si le hablara a la ciudad que se extendía a sus pies. Se volvió, con la mirada ahora aguda, fija en el asistente.
—Pero no esperaba revelar mis cartas tan pronto a Charlee. Qué fastidio.
Un escalofrío recorrió la espalda del asistente, que bajó la cabeza y apenas articuló un susurro.
—Sí, señor Quimby.
El tono de Slater cambió, frío y definitivo.
—Inicie el Plan Cielo Azul.
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—Entendido! —El asistente no perdió ni un segundo y se dio media vuelta para marcharse.
—Espere —llamó Slater, con una voz suave y autoritaria que resonó en la habitación.
El asistente se quedó paralizado y se volvió con una mirada nerviosa.
—Señor Quimby, ¿tiene alguna otra instrucción?
Slater se acercó a su escritorio, tomó una carpeta como si pesara todo un imperio y se la entregó al asistente.
—Lleve esto al profesor Ramos. Dígale que se dé prisa.
—Sí. —El asistente aceptó la carpeta, guardándola como si fuera un secreto precioso, y se marchó rápidamente.
En ese momento, la puerta de la oficina se abrió de par en par.
—Slater, ¿estás ocupado?
Pearl entró con paso elegante, su vestido rojo fuego contrastaba con los tonos fríos de la habitación y su sonrisa era una seducción bien ensayada.
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