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Capítulo 755:
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Respiraba con dificultad, tenía el rostro pálido y el sudor le corría por la frente como un río de ansiedad.
Charlee liberó su brazo del agarre de él, con la piel ardiendo por las marcas que le había dejado. Se las frotó, tratando de quitarse la incomodidad.
«¿Qué está pasando? ¿Por qué estamos corriendo?», exigió.
Fenton jadeaba, con el corazón acelerado y el pecho subiendo y bajando como un fuelle.
Señaló hacia el edificio, con una voz que era apenas un susurro.
«Señorita Sullivan, hay cámaras ahí dentro. Nos están observando, cada uno de nuestros movimientos».
Charlee parpadeó, con la mente inundada por la confusión.
—¿Quién nos está observando? —Su voz temblaba y sentía un nudo en el estómago. Tenía la angustiante sensación de que las cosas habían ido mucho más lejos de lo que jamás hubiera imaginado.
Fenton negó con la cabeza, con los ojos nublados por el miedo.
—Mi hermano. No me deja marchar.
—¿Tu hermano?
Charlee frunció el ceño, confundida, con incredulidad en el tono de su voz.
El rostro de Fenton se retorció de dolor, como si las palabras fueran cuchillos.
—Me han aislado de todo el mundo. No soy más que un prisionero en mi propia vida.
La mente de Charlee se aceleró cuando la pregunta que llevaba años guardándose salió a la superficie.
—¿Por qué desapareciste hace tres años?
Las palabras parecían flotar en el aire como un fantasma. Había esperado tanto tiempo para obtener respuestas.
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Fenton palideció aún más, entreabriendo los labios como para hablar, pero luego los apretó con fuerza. Bajó la mirada, atormentado por un secreto demasiado pesado de llevar.
—Señorita Sullivan, hay cosas que no puedo explicarle ahora mismo. Pero le juro que nunca la traicioné a usted ni al señor Harris. —Sus ojos ardían con sinceridad.
Charlee se quedó en silencio, con los pensamientos dando vueltas en una tormenta de emociones, sin saber en quién confiar.
—Te creo —dijo finalmente, con un tono que denotaba que había tomado una decisión definitiva.
Los ojos de Fenton se llenaron de gratitud, como si la confianza de ella fuera el salvavidas que tanto necesitaba.
—Gracias.
—Entonces dime, ¿qué demonios está pasando?
La voz de Charlee se quebró, la desesperación por obtener respuestas se filtraba en cada sílaba.
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