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Capítulo 739:
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«Señor Harris, señorita Walsh, bienvenidos».
Un médico con una impecable bata blanca se acercó a ellos.
«Soy el doctor Andrew Braxton, director de la Clínica Psicológica Aelbush».
Andrew, un hombre de unos cuarenta años, tenía un aire intelectual. Sus gafas de montura dorada enmarcaban unos ojos agudos y observadores.
Tras un breve intercambio de cortesías, Andrew condujo a Marc a una sala de consultas.
La iluminación era tenue y relajante, con un único sillón reclinable situado en el centro.
«Sr. Harris, por favor, túmbese».
Andrew señaló el sillón y sacó un reloj de bolsillo. Bajo la suave luz, su superficie metálica brillaba con un resplandor casi hipnótico.
«Concéntrese en el reloj. Relájese».
La voz de Andrew era profunda y rítmica, con un tono casi hipnótico.
Marc se recostó y fijó la mirada en el reloj oscilante. Sus párpados se volvieron pesados y sus pensamientos se difuminaron. El mundo que lo rodeaba se desvaneció en la nada en un instante.
«Relájese… Respira profundamente…».
La voz de Andrew resonaba en los oídos de Marc, repitiéndose como un eco implacable. Sus miembros se volvieron pesados y el mundo a su alrededor se retorció, cambiando de forma antinatural.
«Ahora, vuelve al pasado. Vuelve al momento en que desaparecieron tus recuerdos».
Las palabras de Andrew le parecían lejanas, pero se clavaban con fuerza en su mente. De repente, Marc se encontró al volante de un coche que circulaba a gran velocidad, con la costa extendiéndose sin fin a su lado. El viento aullaba, cargado del olor a sal.
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Apretó con fuerza el volante, pero por más que lo intentaba, el vehículo se negaba a responder.
Un destello de luz cegadora se dirigió hacia él.
Por instinto, apretó los ojos con fuerza.
Entonces, un estruendo ensordecedor rompió el silencio.
«¡No! ¡Para!».
Marc se incorporó de un salto, jadeando, empapado en sudor frío.
—Sr. Harris, ¿qué ha visto?
Andrew se quitó las gafas de montura dorada, con expresión serena, aunque en su mirada brillaba un destello calculador.
Marc luchaba por respirar, con la voz temblorosa. —Un coche… un accidente… el océano…
—Bien. Está empezando a recuperar la memoria.
Una nota de satisfacción se deslizó en la voz de Andrew.
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