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Capítulo 737:
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«¡Hamburguesas!», exclamó Kason con los ojos brillantes de emoción, saltando sobre el suelo con sus piececitos.
La sonrisa de Charlee se hizo más dulce. «¿Hamburguesas otra vez?».
Luego le dio instrucciones al mayordomo: —Pide dos hamburguesas y una ensalada de verduras en el restaurante de abajo.
—Sí, señorita Sullivan —respondió el mayordomo antes de salir para cumplir con la orden.
En otro lugar, Marc estaba recostado en un sofá de cuero junto a las ventanas que iban del suelo al techo, pasando metódicamente las páginas de un expediente con sus largos dedos. Su rostro permanecía impasible, pero sus ojos eran profundos, indescifrables y fríos.
El expediente que tenía ante sí contenía detalles meticulosos sobre Charlee: su fecha de nacimiento, su educación, incluso sus comidas y colores favoritos, todo ello registrado con precisión quirúrgica.
Hojeó las páginas, dejando que su mirada se deslizara por los datos hasta llegar a la sección «Hijos». Se le cortó la respiración cuando sus ojos se fijaron en una sola línea.
«Kason Harris, varón, dos años, hijo de Charlee Sullivan…». Las palabras le golpearon como un rayo.
¿Un hijo? ¿Charlee tenía un hijo?
La revelación provocó una oleada de emociones que lo invadió: conmoción, confusión y algo más… algo que no podía definir.
Sin pensar, cerró el expediente de golpe.
—Toc, toc, toc.
El sonido de tres golpes secos rompió el silencio. —Adelante —dijo Marc con voz firme.
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La puerta se abrió y una mujer entró.
No era otra que Bettina.
Llevaba una cálida sonrisa, pero en sus ojos se veía un destello de distracción.
—Marc, no tienes buen aspecto. ¿Sigues estresado por la empresa?
Marc se presionó las sienes con los dedos.
—No es nada. Solo me siento un poco agotado.
—Arrojó los documentos sobre la mesa y finalmente la miró—. ¿Necesitabas algo?
Bettina dudó un momento antes de sentarse a su lado.
—Mi madre ha encontrado recientemente a un especialista en el extranjero… Alguien que puede tratar tu enfermedad.
Marc se detuvo, tomado por sorpresa.
Se tocó la frente instintivamente, pero no notó nada extraño.
—¿Mi enfermedad?
Bettina se mordió el labio, eligiendo cuidadosamente las palabras.
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