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Capítulo 729:
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Charlee asintió con aprobación. —Bien. Y si surge algo, infórmeme directamente a mí.
Alick se levantó y comenzó a salir. —Empezaré con los preparativos y me pondré en contacto con el Grupo Walsh.
—Adelante.
Una vez que Alick se hubo marchado, Mooney, aún escéptico, expresó su preocupación. —Señora Sullivan, ¿está segura de que es prudente poner una colaboración tan importante en manos de Alick? Aún es muy joven y carece de la experiencia que podríamos necesitar.
Charlee soltó una risita, casi juguetona.
—Los jóvenes aportan una chispa especial, una energía que puede impulsar las cosas —dijo pensativa—. A veces, darles la oportunidad de asumir responsabilidades acelera su crecimiento. Además, confío en su criterio.
Mooney, dándose cuenta de su determinación, asintió. —Lo ha pensado bien, Sra. Sullivan.
Unos días más tarde…
—Mooney, pida un ramo de lirios y que lo envíen a Crescent Haven.
Charlee se frotó las sienes mientras daba la orden, con la mente un poco confusa. Luego, sin perder el ritmo, cogió su bolso y se dispuso a salir.
—Entendido, señora Sullivan —respondió Mooney con una reverencia respetuosa.
Charlee salió de su oficina y la puerta se cerró detrás de ella con un suave clic.
Se dirigía a recoger a su hijo, Kason, al hospital.
Los últimos días habían sido un torbellino, su vida consumida por el trabajo, sin dejar espacio para nada más. Sentía como si la oficina se hubiera convertido en su segundo hogar, y la culpa creciente por descuidar a Kason le oprimía el corazón como un peso invisible, haciendo que cada paso le resultara más pesado.
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Caminaba con aire de confianza en su traje negro a medida, cada paso un equilibrio entre profesionalidad y encanto discreto.
Al entrar en el ascensor, pulsó el botón del aparcamiento. Cuando las puertas comenzaron a cerrarse, las paredes espejadas reflejaron su imagen: su maquillaje impecable, sus labios ligeramente fruncidos y su mirada aguda, como la de un depredador a la espera de su próximo movimiento.
En el hospital, en una sala VIP,
Marc yacía en la cama, mirando por la ventana al cielo despejado e infinito, con la mente perdida.
Su cuerpo se había recuperado rápidamente, pero sus recuerdos seguían siendo borrosos, como si el pasado hubiera sido borrado.
—Marc, ¿cómo te encuentras? —Bettina entró con un plato de sopa de pollo humeante.
—Mucho mejor, gracias. —Marc aceptó el plato y tomó un sorbo. El sabor rico y reconfortante se extendió por todo su cuerpo, calentándolo desde dentro.
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