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Capítulo 699:
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El Bentley volvió a acelerar, con el motor rugiendo en baja, mientras los pensamientos de Charlee se agitaban oscuramente. Los acontecimientos del aeropuerto la habían dejado desorientada y ansiosa. El críptico correo electrónico de Nadia no hacía más que aumentar su confusión.
¿Dónde estaba Fenton? ¿Qué le había pasado? Las preguntas se agolpaban en su mente y, por un momento, su peso la hizo sentir mareada y aturdida.
Sacudió la cabeza, tratando de despejar la niebla de sus pensamientos. Lo más importante ahora era volver a la empresa y averiguar qué postura había adoptado la familia Walsh.
El coche se detuvo frente al edificio de la empresa. Charlee abrió la puerta y entró con paso rápido y decidido.
—Señorita Sullivan —la saludó Mooney, acercándose a ella.
—¿Cómo ha respondido la familia Walsh? —preguntó Charlee, con voz firme pero teñida de urgencia.
—Siguen poniendo excusas y se niegan a reunirse —informó Mooney.
«He intentado contactar con ellos varias veces, pero siguen diciendo que la Sra. Walsh está demasiado ocupada».
Charlee frunció profundamente el ceño. «Sigue intentándolo. Tenemos que conseguir esa reunión. Si siguen negándose, diles que reconsideraremos nuestra cooperación».
«Entendido». Mooney asintió y se dio la vuelta para cumplir sus instrucciones.
Charlee entró en su oficina, se hundió en su silla y se frotó las sienes. La actitud evasiva de la familia Walsh, junto con la inquietante situación que rodeaba a Fenton, era más de lo que podía soportar. El peso de todo se estaba volviendo insoportable.
Bettina estaba sentada junto a la cama, con la mirada fija en Marc con una ternura que lo decía todo.
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Marc parpadeó y abrió lentamente los ojos al despertar. Había una leve confusión en su mirada, la niebla persistente del despertar aún nublaba sus pensamientos.
—¡Estás despierto! —dijo Bettina con una mezcla de alivio y alegría, apretándole la mano—. ¡Marc, por fin has despertado!
Los ojos de Marc se encontraron con los de ella y frunció el ceño mientras le escudriñaba el rostro.
—¿Quién eres?
La sonrisa de Bettina se desvaneció y una oleada de inquietud se extendió por su interior. El médico le había advertido de que el shock emocional podría provocarle trastornos de memoria. ¿De verdad la había olvidado?
«Soy Bettina», dijo ella, esforzándose por sonreír con calma. «Tu prometida».
«¿Prometida?», repitió Marc con voz insegura.
«No te esfuerces, Marc», dijo Bettina con dulzura, acariciándole el pelo con los dedos.
En ese momento, llamaron a la puerta.
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