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Capítulo 673:
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Estaba claro que Jax estaba complicándole las cosas a propósito.
La familia Walsh había ascendido rápidamente en la escala social, pero bajo su brillante apariencia se ocultaban importantes riesgos. Relacionarse con ellos era como jugar con fuego.
A pesar de ello, Charlee se vio acorralada por Jax, sin ninguna vía de escape aparente.
Rechazar la propuesta la expondría a acusaciones de descuidar los intereses de la empresa, lo que pondría en peligro su puesto en Harris Group.
Charlee respiró hondo, tratando de calmar su agitación.
—¡Mooney! —llamó a su asistente, que estaba justo fuera.
La puerta se abrió y Mooney entró. —Señorita Sullivan, ¿en qué puedo ayudarla?
—Investiga a la familia Walsh y a ese hombre misterioso —dijo Charlee con tono severo—. Reúne toda la información detallada que puedas.
—Por supuesto —respondió Mooney, y salió rápidamente de la oficina.
De vuelta en su oficina, Jax se acomodó en su silla. En ese momento, sonó su teléfono.
Miró el identificador de llamadas con el ceño ligeramente fruncido y descolgó, diciendo: «Hola».
«Sr. Harris, ¿cómo ha ido la reunión?», la voz de Pearl, suave y cautivadora, flotó al otro lado de la línea.
Jax respondió con evidente frustración: —¿Cómo puedes preguntarme eso? Hace tres años prometiste ayudarme a recuperar el control del Grupo Harris. Sin embargo, durante tres años, te has mantenido en las sombras, dejándome gestionar todo solo.
—Sr. Harris, por favor, no se precipite —respondió Pearl con una ligera risa en la voz—.
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«¿Acaso no te hemos apoyado en silencio todo este tiempo? Sin nuestra ayuda, ¿habrías llegado tan lejos?».
«¿Apoyo desde las sombras?», replicó Jax con una sonrisa burlona.
«Parece que solo has estado observando desde fuera mientras yo hacía todo el trabajo».
«Jax, estás siendo irrazonable. Nosotros también hemos corrido grandes riesgos», replicó Pearl.
—¡Basta! —espetó Jax, agotando su paciencia—. Estoy harto de excusas. Te lo advierto, si sigues observando y no actúas, ¡no te sorprendas si me vuelvo contra ti!
Con esas palabras, Jax terminó la llamada abruptamente y dejó el teléfono sobre la mesa con un golpe seco.
Mientras tanto, tras desconectarse, Pearl arrojó su teléfono al sofá, visiblemente agitada.
Sentado frente a ella, vestido con un elegante traje negro que acentuaba sus rasgos afilados y su aire sereno, se encontraba nada menos que Slater.
Observó en silencio la frustración de Pearl.
—¿Qué pasa? ¿Jax ha vuelto a perder los nervios contigo? —preguntó Slater.
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