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Capítulo 663:
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Jax se detuvo en seco y se volvió hacia ella, entrecerrando los ojos con fuerza. —¿Qué has dicho? ¿Más de dos meses? ¿Estás segura?
Wilma asintió, encogiéndose bajo su intensa mirada. —Se lo pregunté a la enfermera. Eso es lo que me dijo.
Jax dio un puñetazo en la mesa, y el fuerte golpe resonó en todo el estudio. «¡Maldita sea!», murmuró entre dientes, con la frustración y la ira a punto de estallar.
Si Charlee realmente iba a tener ese hijo… las implicaciones eran demasiado abrumadoras como para asimilarlas.
«Jax…», dijo Wilma en voz baja, acercándose poco a poco a él, con la voz llena de vacilación.
—Jax, por favor… no te pongas así. Respira hondo y cálmate —suplicó Wilma, con voz temblorosa.
Pero Jax, presa de la furia, la agarró por los hombros con tanta fuerza que le provocó un dolor agudo. —¿Que me calme? ¿Cómo esperas que me calme? Si da a luz a ese niño, podría heredar todo, ¡toda la fortuna de la familia Harris!
En un arranque de frustración, Jax empujó a Wilma a un lado. Retrocedió varios pasos antes de desplomarse en una silla y hundir el rostro entre las manos, mientras un gemido gutural de desesperación se escapaba de sus labios.
Wilma dudó, luego se acercó. Lo rodeó con los brazos, con un gesto tierno pero decidido. —Jax, no tengas miedo. Estoy aquí para ti», le susurró con voz tranquilizadora.
Pero aunque su tono era suave, sus ojos delataban un destello de frío cálculo. Un pensamiento silencioso atravesó su mente como una daga: «Charlee, ¿de verdad crees que has ganado? ¿De verdad crees que tener ese hijo consolidará tu puesto como presidente? ¡Te estás engañando a ti mismo!».
Jax permaneció inmóvil, con la cabeza apoyada en el abrazo de Wilma.
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—Jax —murmuró Wilma finalmente, con voz suave pero inquisitiva—, ¿qué piensas hacer?
Por un momento, el silencio llenó la habitación, pesado como el plomo. Entonces se oyó la voz de Jax, baja y deliberada. —No puedo dejar que Charlee tenga este niño.
El corazón de Wilma dio un vuelco ante el peso de sus palabras. Sin embargo, su expresión seguía siendo una máscara indescifrable. «Jax, ¿lo has pensado bien? Esto no es algo que se pueda deshacer».
Su respuesta fue firme, casi inquebrantable. «Sé lo que tengo que hacer».
Al día siguiente, Jax entró en la empresa con la misma actitud tranquila y serena de siempre. En apariencia, nada parecía fuera de lugar. Saludó a Charlee con su respeto habitual, participó en las discusiones con vigor e incluso ofreció ideas que hicieron que todos los presentes asintieran con la cabeza.
Durante una reunión de alto nivel, Jax se situó a la cabecera de la mesa y realizó una presentación segura sobre el futuro de la empresa. Sus ideas, agudas y con visión de futuro, recibieron elogios unánimes de sus colegas.
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