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Capítulo 628:
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Las lágrimas finalmente brotaron y comenzaron a correr por las mejillas de Charlee. Instintivamente, se abrazó a sí misma.
Apenas ayer, Marc se había arrodillado, con un anillo de diamantes brillando en su mano, mientras le abría su corazón en una propuesta llena de amor y devoción.
Aún recordaba cómo había fingido timidez, un acto juguetón para ocultar la alegría que amenazaba con desbordarse. Charlee soltó una risa amarga, con las lágrimas nublándole la vista.
La promesa que Marc le había hecho, destinada a durar toda la vida, se había desmoronado hasta convertirse en un susurro fugaz en el viento. Antes de que pudiera cumplir su promesa, el destino se lo había arrebatado cruelmente.
«Nos… Nos íbamos a casar dentro de unos días…». Su voz frágil y temblorosa escapó de sus labios en un susurro entrecortado.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar esto? ¿Por qué el destino le había dado la espalda? Charlee abrió los ojos con una desesperación que ya no podía contener.
«¡Marc! ¡Vuelve, por favor! ¡Prometiste que te casarías conmigo!». Los gritos agudos y tristes de Charlee resonaron contra las olas rompiendo. Pero la única respuesta fue el aullido frío e insensible del viento.
Mientras tanto, en la finca de la familia Harris, Amaya jugaba con el pájaro cantor en su jaula, con una suave sonrisa iluminando su rostro.
—¡Señora Harris, el señor Harris está en apuros! —El mayordomo, Arnold, entró corriendo, con el rostro pálido y la voz temblorosa por el miedo.
Asustado, el pájaro cantor aleteó violentamente en la jaula.
La sonrisa de Amaya se desvaneció y el alpiste que tenía en la mano se le escapó entre los dedos, esparciéndose por el suelo.
—¿Qué has dicho? ¿Qué le ha pasado a Marc?
—El señor Harris… Él… —Las palabras de Arnold se entrecortaron, con la garganta cerrada por la terrible noticia.
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Un escalofrío recorrió a Amaya, cuyo corazón latía con fuerza mientras agarraba el brazo de Arnold.
—No tartamudees, Arnold. Dime, ¿qué le ha pasado a Marc?
—El señor Harris se ha caído al mar… —logró decir Arnold, con la voz quebrada por el peso de sus palabras.
«¿Se ha caído al mar?». El mundo de Amaya se tambaleó, su visión se nubló y la oscuridad se apoderó de su mente. Se tambaleó, sintiendo que el suelo se hundía bajo sus pies.
«¡Sra. Harris!». Arnold corrió a sostenerla, con las manos temblorosas y lágrimas corriendo por su rostro, cada una de ellas testimonio de su miedo.
Amaya lo apartó, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Con pasos vacilantes, se tambaleó hacia el sofá. Se agarró el pecho, jadeando en busca de aire, con respiraciones superficiales y entrecortadas.
«¡Averigüen qué ha pasado lo antes posible!», gritó con voz ronca, la fuerza y la elegancia que la caracterizaban evaporándose ante el pánico.
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