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Capítulo 620:
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—Jax… —comenzó ella en voz baja, con la voz temblorosa como una hoja al viento.
—¡Basta! —gritó Jax, arrancándose la corbata y arrojándola al suelo como si fuera una soga que lo estrangulaba.
Se abalanzó hacia la puerta, su figura una sombra envuelta en desolación. —¿Adónde vas, Jax?
Eloise corrió tras él, con las manos desesperadas por agarrarle del brazo. Jax se soltó con una ferocidad que la hizo tropezar. Sus ojos ardían con un odio que podría incendiar el mundo.
—¡No es asunto tuyo adónde voy! ¡No me sigas!
La puerta se cerró de golpe detrás de él, y el sonido resonó como el repique de una campana fúnebre. Eloise se quedó paralizada entre los escombros del salón, con lágrimas silenciosas surcando su rostro.
Se derrumbó sobre la alfombra y sus sollozos rompieron el silencio opresivo, con el maquillaje corrido como un cuadro olvidado bajo la lluvia. Después de lo que le pareció una eternidad, se levantó lentamente.
«Jax no puede rendirse», murmuró, más como una súplica a sí misma que como una declaración.
Entonces, como si le hubiera golpeado un rayo de inspiración, pensó en Wilma. Esa chica podía ser ingenua, incluso tonta, pero Jax nunca había sido capaz de dejarla marchar.
Quizás Wilma era la única que podía reavivar las brasas de su corazón.
Sin dudarlo, Eloise sacó su teléfono y marcó el número de Wilma.
El penetrante tono de llamada rompió el silencio de la pequeña y lúgubre habitación alquilada de Wilma. Acurrucada en su cama, con el pálido rostro vuelto hacia el techo, Wilma miraba fijamente, como si el peso del mundo le hubiera arrebatado toda la vida. El teléfono sonó sin cesar hasta que finalmente ella extendió la mano, con movimientos mecánicos, para contestar.
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—Wilma, no me importa dónde estés. ¡Vuelve aquí inmediatamente! —La voz al otro lado de la línea la sacó de su trance.
Wilma se incorporó de un salto, con la voz ronca por la incredulidad y un destello de frágil alegría. —Tía Eloise… ¿eres tú? ¿Por fin me has llamado?
El tono de Eloise era frío y cortante, y atravesó el momento de esperanza de Wilma como una navaja. —¡No te hagas ilusiones! Si no fuera por Jax, ¿crees que me molestaría en hablar con alguien tan despistada como tú?
El corazón de Wilma se hundió, su fugaz felicidad se hizo añicos, dejando tras de sí un dolor vacío. Aferrándose al teléfono con fuerza, su voz temblaba. —Jax… ¿Qué le ha pasado?
—¿Qué más te da? —espetó Eloise, con impaciencia en cada sílaba—. Escucha, Jax está en una mala situación y solo tú puedes sacarlo de ahí. ¡Vuelve aquí ahora mismo!
Las lágrimas brotaron en los ojos de Wilma, que apretó el teléfono con más fuerza mientras su mente se aceleraba. Si eso significaba dejar atrás ese agujero miserable, haría lo que fuera necesario.
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Nota de Tac-k: Y llego el día viernes amadas personitas, que sea un día grandioso para ustedes, muchos ánimos. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (─‿‿O)
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