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Capítulo 586:
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«El Sr. Harris le transfiere a usted, sin condiciones, todos sus bienes inmuebles, incluyendo fincas, villas y terrenos; sus bienes muebles, como coches, obras de arte y acciones, así como la mitad de las acciones del Grupo Harris». La habitación pareció congelarse ante el peso de sus palabras, el aire tan quieto que parecía tangible.
Charlee se puso de pie de un salto, sus delicados rasgos reflejando su asombro. Había esperado cierto nivel de apoyo por parte de Marc, pero nunca imaginó que él regalaría la mitad de su fortuna sin más. Este gesto era nada menos que asombroso.
Se obligó a mantener la compostura. «¿Cuál es la intención de Marc detrás de esto?
Driscoll mantuvo una expresión neutra. —El Sr. Harris dijo que es para garantizar su estabilidad financiera como Sra. Harris.
Su ligera pausa al decir «Sra. Harris» tenía un peso sutil, como si incluso él reconociera el significado de ese término.
La mente de Charlee volvió a la enigmática expresión de Marc en el coche, y sus emociones se enredaron en un nudo que no podía deshacer. Marc siempre parecía mantenerla en vilo.
—Por favor, esperen un momento —dijo al equipo legal. Asintieron y se hicieron a un lado sin protestar. Se acercó a la ventana y marcó el número de Marc.
Cuando se conectó la llamada, casi podía oír la sonrisa burlona en su voz. —Hola, señor Harris. Esto es demasiado extravagante para mí, no puedo aceptarlo.
Su risa, rica y burlona, se escuchó a través de la línea. —¿Rechazas mi amabilidad, Charlee?
—Acordamos establecer límites claros entre lo personal y lo profesional —le recordó ella con voz firme.
—Charlee, piensas demasiado —respondió él, suavizando el tono—. Solo necesito una socia. En lo que respecta a nuestras finanzas, tú siempre tendrás la última palabra.
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Charlee sintió un nudo en el pecho.
Su voz, firme pero reconfortante, la envolvió como un cálido abrazo, ahuyentando el frío que aún permanecía en su corazón.
No podía negarlo: sus emociones se habían despertado.
Mientras tanto, Marc se recostó en la silla de su despacho y pasó los dedos por un documento cuidadosamente redactado: una propuesta de matrimonio.
Sus ojos se suavizaron y una sutil sonrisa se dibujó en sus labios.
Las complicaciones dentro del Grupo Stonebridge habían retrasado repetidamente sus planes, pero ahora estaba decidido a llevarlos a buen término.
Escondido en un cajón, un anillo de diamantes hecho a medida, diseñado exclusivamente para Charlee, esperaba su momento.
—Charlee —la llamó Marc, con un tono travieso en la voz—. ¿Qué tal si nos vemos este domingo?
Tras una breve vacilación, Charlee respondió afirmativamente. —Claro. Marc dejó a un lado los planes de la propuesta que había redactado meticulosamente y miró por la ventana, lleno de esperanza. Charlee colgó el teléfono.
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