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Capítulo 558:
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Todas las miradas se fijaron en Eunice cuando entró.
Todos se preguntaban por qué había aparecido Eunice en ese momento. Con aire seguro, Eunice carraspeó y dijo: «Damas y caballeros, por favor, necesito su atención».
El ambiente en la sala de conferencias se tensó, con todas las miradas fijas en ella.
Vestida con un sencillo traje blanco y con el cabello suelto, Eunice parecía tranquila, pero sus próximas palabras insinuaban el caos.
Volviéndose hacia Roland con una mirada mezcla de decepción y seriedad, dijo: «Papá, es hora de dejar la comedia».
Roland, sorprendido, se volvió hacia ella. Su rostro palideció y balbuceó: «¿Qué has dicho?».
Los ojos de ella brillaban con lágrimas contenidas y su postura era firme. «Papá, tu ambición por tomar el control podría destruir tanto al Grupo Sullivan como a nuestra familia. ¿Estás dispuesto a sustituir a Charlee a tal precio?».
Eunice sacó de su bolso una gruesa carpeta con documentos, la dejó caer sobre la mesa y la deslizó hacia Charlee. «Estos documentos —correos electrónicos, llamadas, transacciones financieras con Thaddeus— apuntan a los negocios secretos de papá. Probablemente sea él quien filtró la fórmula del Geninex n.º 2».
Atónito, Charlee comenzó a hojear los papeles.
Mientras lo hacía, observaba atentamente a Roland.
Las venas de la frente de Roland se hincharon, apretó los puños y su cuerpo temblaba, pero no podía articular palabra.
Abrumado por la emoción y temblando de ira, finalmente espetó: «¡Tú… traidora!».
Con lágrimas rodando por sus mejillas, Eunice luchaba por controlar sus emociones. «No puedo ver cómo lo destruyes todo por tu propio beneficio, traicionando a la empresa e incluso a tu propia hija. Tengo que hacer algo, es lo correcto».
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La sala quedó en silencio, los accionistas demasiado conmocionados para hablar.
Incluso los partidarios de Roland luchaban por encontrar palabras para defenderlo. Esta acusación de su propia hija era inesperada y devastadora.
Nadie podría haber predicho que Eunice, tan gentil y serena, sería quien revelara tal traición.
Eunice se acercó a Charlee con una profunda reverencia, con voz suave y arrepentida. «Charlee, por favor, perdónalo. Mi padre tuvo un momento de falta de juicio. Ten en cuenta sus largos años de servicio al Grupo Sullivan y muéstrate misericordioso».
Eunice levantó la cabeza y miró a Charlee con lástima, interpretando a la perfección el papel de una hija devota.
—Eunice, ¿traicionas a tu propio padre? ¡Has perdido la cabeza! —Se volvió hacia Charlee desesperado—. Charlee, no la escuches. No está en sus cabales. Recuerda que soy tu tío y que estuve a tu lado durante la crisis de Keith.
Charlee respondió con una fría sonrisa.
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