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Capítulo 556:
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Sus acciones eran extrañas, sus ojos se movían nerviosamente mientras agarraba un montón de papeles y el sudor le perlaba la frente.
Ajeno a la presencia de Eunice, se apresuró hacia la salida de emergencia al final del pasillo, una ruta directa a la oficina de Charlee. Los ojos muy abiertos de Eunice delataban su sorpresa, mientras la inquietud comenzaba a apoderarse de su mente.
Como uno de los hombres de confianza de su padre, la presencia de Carmelo en la oficina de Charlee no tenía sentido.
¿Podría ser…?
Conteniendo la respiración, Eunice se acercó de puntillas a la puerta entreabierta del despacho del presidente, con el corazón latiéndole con fuerza.
Unas voces apagadas se filtraban por la rendija. Dentro, la voz de Charlee se oía clara, teñida de expectación.
—¿Cómo va todo? —preguntó Charlee con tono severo y autoritario.
La voz de Carmelo titubeó ligeramente, delatando el nerviosismo que no podía ocultar. —Está… todo listo. La droga del Grupo Stonebridge saldrá al mercado en dos días. Roland ha estado trabajando sin descanso con los accionistas, colmándolos de favores, probablemente preparándose para un movimiento audaz».
Apretada contra la puerta, Eunice sintió un peso frío en el pecho.
Estaba al tanto de los últimos planes de Roland.
Sin embargo, la revelación de la participación de Charlee era un giro impactante.
Apoyó la frente contra la madera fría de la puerta, tratando desesperadamente de captar cada sílaba.
«Excelente. No te dejes ver. Ahora, esperaremos a que Roland dé el primer paso».
Este fragmento de diálogo hizo que Eunice se estremeciera.
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¿Qué movimiento esperaban de Roland?
¿Era posible que Roland se hubiera convertido, sin saberlo, en un títere en el astuto juego de Charlee?
Sus sentimientos se arremolinaban en su interior, como una tormenta a punto de estallar. La angustia por la difícil situación de su padre se entremezclaba con el profundo odio que sentía por sus frías estrategias.
Mordisqueándose nerviosamente el labio inferior, recordó el matrimonio sin amor que él había orquestado con la detestable Britton, solo para expandir su imperio.
Una ardiente oleada de rebelión estalló en su interior.
Apretó los puños con fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos, mientras luchaba por sofocar la creciente ola de rabia.
Consciente de que tenía que escapar antes de que la descubrieran, se escabulló, con pasos silenciosos, mientras se retiraba rápidamente por el pasillo en penumbra.
El tono de voz de Charlee no dejaba lugar a dudas: estaba decidida a enfrentarse a Roland.
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