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Capítulo 553:
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«Tengo que hablar con la Sra. Sullivan inmediatamente. Es urgente», balbuceó Carmelo, con la voz temblorosa por los nervios. Vivian lo acompañó al salón.
Allí, Charlee estaba recostada en el sofá, envuelta en una bata de seda, bebiendo vino tinto y con la mirada fija en él.
Bajo la suave luz, su piel parecía casi translúcida y sus rasgos llamativos irradiaban una poderosa presencia.
—Sr. Holland, ya es tarde. Vamos al grano —dijo Charlee, haciendo girar la copa de vino en su mano, lo que reflejaba la profundidad de sus pensamientos.
Con un trago, Carmelo le contó con detalle su conversación anterior con Roland, revelándole el plan para robar la última fórmula.
Charlee asimiló la información en silencio, con expresión impenetrable.
Esperaba las maquinaciones de Roland contra ella, pero la rapidez de sus acciones la había tomado por sorpresa. Roland era inteligente y había logrado proteger su reputación, pero la astucia no bastaría.
Al observar el rostro impasible de Charlee, el corazón de Carmelo se aceleró.
Charlee dejó el vaso sobre la mesa y esbozó una sonrisa fría. —Bien hecho.
La sorpresa de Carmelo era evidente.
Le desconcertó la disposición de Charlee a compartir información tan crucial. —Señorita Sullivan, esto…
—Sé lo que está pensando —dijo Charlee, adivinando sus pensamientos—. Cree que simplemente le entregaría la fórmula. Ante esto, Carmelo se quedó en silencio, con los ojos muy abiertos por el miedo.
—La fórmula que contiene es un señuelo. Le estoy tendiendo una trampa para que caiga en picado. Fue en ese momento cuando Carmelo comprendió el verdadero plan de Charlee. Su respeto por su inteligencia creció y se reprendió a sí mismo por sus dudas iniciales.
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Con un gesto de asentimiento, guardó la memoria USB en su bolsillo. —Entendido, señorita Sullivan. Yo me encargo a partir de aquí.
—Vete —le dijo Charlee, haciéndole un gesto con la mano—. Y asegúrate de borrar tus huellas.
Con esas últimas palabras, Carmelo salió y desapareció en la noche.
Desde su posición junto a la ventana, Charlee observó cómo el sedán negro se perdía en la oscuridad, con expresión seria y calculadora.
En cuanto Carmelo llegó a casa de Roland, le deslizó inmediatamente la memoria USB en la mano.
Había inventado una historia, pintándose hábilmente como alguien que había hecho todo lo posible por conseguir ese documento ultrasecreto del departamento técnico, arriesgándolo todo en esa arriesgada empresa.
Roland, una vez en posesión de la memoria USB, no perdió tiempo en concertar una reunión con Thaddeus para el día siguiente.
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