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Capítulo 542:
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Aclarando la garganta, esbozó una sonrisa y dijo: —Ah, usted es la señorita Sullivan. Mis disculpas por no haberla reconocido antes.
Su actitud pasó de ser desdeñosa a mostrar un gran respeto. —Dada su petición, no veo ningún inconveniente. El hijo del señor Holland será puesto en libertad inmediatamente.
Charlee volvió a colocar la copa de vino sobre la mesa con un delicado tintineo, y una sutil sonrisa se dibujó en sus labios.
Carmelo, inundado por el alivio, la miró fijamente, con los ojos húmedos de gratitud. Fraser hizo una señal discreta a su asistente, que rápidamente captó la indirecta y salió de la habitación.
El ambiente, antes tenso, se relajó ligeramente.
Sin embargo, Charlee sabía que ese alivio era solo temporal. Tenía que resolver rápidamente el problema de Carmelo para evitar complicaciones en el futuro.
Volviéndose hacia Carmelo con mirada severa, dijo:
«Solo tienes siete días».
Carmelo dejó escapar un profundo suspiro, con el rostro marcado por la ansiedad.
Se frotó las manos, con voz cargada de desesperación. «Señorita Sullivan, siete días… ¡no es suficiente! La suma que debo es enorme, y reunir esa cantidad en tan poco tiempo es imposible, ¡ni siquiera vendiendo todo lo que tengo!».
Charlee escuchó en silencio.
Carmelo se dio cuenta de que esos siete días podrían ser los últimos que disfrutara en paz, pero serían suficientes para preparar a su familia para lo que se avecinaba.
Charlee habló en voz baja. —Sr. Holland, en lugar de enfrentarse a lo inevitable, ¿por qué no llega a un acuerdo?
Carmelo abrió ligeramente los ojos. Una chispa de esperanza, mezclada con duda, cruzó su rostro.
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¿Un acuerdo?
«Sra. Sullivan… ¿qué me propone? preguntó Carmelo con tono cauteloso.
Charlee sonrió con picardía, pero su mirada era fría. «Usted se alió con Roland por motivos económicos. Pero sus promesas no son más que una ilusión. Yo le ofrezco algo sólido».
Carmelo se quedó en silencio. Rápidamente se dio cuenta de que la propuesta de Charlee debía tener que ver con Roland y el Grupo Stonebridge.
Sopesando cuidadosamente sus opciones, vio que, por un lado, le ofrecían promesas inciertas y, por otro, ventajas seguras.
—Señorita Sullivan, ¿qué quiere que haga?
La voz de Charlee era serena, pero autoritaria cuando respondió: —Sigue apoyando a Roland.
Carmelo se quedó desconcertado. No esperaba una orden así por su parte.
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