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Capítulo 532:
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Sin protestar, Slater la siguió fuera del bar.
Charlee lo guió hasta un hotel cercano.
Slater estaba al borde de la inconsciencia durante el trayecto, balbuceando y llamando a sus padres de vez en cuando. Charlee escuchó sus palabras confusas, con las emociones a flor de piel.
En la habitación del hotel, acostó con delicadeza a Slater en la cama y le quitó la chaqueta y los zapatos.
Mientras lo observaba dormir, su corazón latía con fuerza.
Sus largas pestañas proyectaban sombras sobre sus ojos cerrados, su nariz definida y sus labios carnosos encajaban a la perfección con su sentido de la belleza. Cuanto más lo miraba, más se agitaba su corazón, y una sensación desconocida florecía en su interior.
Le tocó la mejilla con delicadeza, y sus dedos entraron en contacto con su piel cálida, lo que le provocó un escalofrío.
Por dentro, Charlee estaba en un torbellino de emociones.
Al día siguiente, Charlee se sentó en el sillón del presidente del Sullivan Group, tamborileando con los dedos sobre la mesa.
Llevaba un traje entallado que acentuaba su figura, con una chaqueta negra sobre una blusa de seda blanca ligeramente desabrochada, lo que le daba un aire elegante y profesional. Su presencia era innegable. La sala de conferencias se sentía tensa e inquietante.
Aparte de ella, solo había otras tres personas sentadas alrededor de la enorme mesa ovalada, y las numerosas sillas vacías contribuían a la desolación de la sala. Eran las diez de la mañana, la hora exacta en que debía comenzar la junta de accionistas.
Charlee echó un vistazo a la hora en su reloj con incrustaciones de diamantes, y sus labios esbozaron una sonrisa astuta.
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Esta gente realmente necesitaba una llamada de atención antes de pasar a la acción.
«Empecemos», dijo con tono tranquilo, pero con una autoridad innegable.
De pie a su lado, su asistente sostenía la lista de accionistas con expresión de ansiedad. El nerviosismo le hizo tragar saliva y le sudaban las manos.
Era muy consciente del carácter firme y resuelto de Charlee.
—Señora Sullivan, seguimos esperando a la mayoría de los accionistas —le recordó el asistente con cautela.
Ella echó un rápido vistazo a la sala y vio las numerosas sillas vacías. —Los que no hayan asistido serán expulsados del consejo.
Los pocos accionistas presentes, junto con el asistente, se quedaron paralizados, sin poder articular palabra ante su declaración.
La duda nubló los pensamientos del asistente, que se preguntó si había malinterpretado sus palabras.
—Señora Sullivan, ¿está segura? Esto… esto es bastante extremo —tartamudeó uno de los accionistas, con el rostro pálido.
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