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Capítulo 530:
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Roland frunció aún más el ceño, su escepticismo era palpable.
Al percibir su reticencia, Lisbeth propuso un compromiso. «¿Y si dejamos las opciones abiertas por ahora? Dejemos que Eunice pase un tiempo con Slater. Si demuestra su valía, podemos seguir adelante con él. Si no funciona, entonces podemos reconsiderar a Britton».
Roland reflexionó sobre ello durante un largo rato antes de ceder con un gesto de asentimiento. «Está bien, hazlo a tu manera. Pero Eunice, si las cosas no funcionan con Slater, ¡te casarás con Britton!».
Eunice, con el corazón rebosante de esperanza, sonrió y asintió con entusiasmo.
—¡De acuerdo, papá! ¡Muchas gracias!
Mientras las sombras de la tarde se alargaban, la tensión que antes se respiraba en el salón comenzó a disiparse y dio paso a una reconfortante calma. La carga que pesaba sobre los hombros de Eunice pareció evaporarse.
Apretando el teléfono, sus dedos temblaban ligeramente por una mezcla de nerviosismo y alivio.
Roland, aunque parecía ceder, estaba visiblemente preocupado. Observaba con escepticismo los pasos alegres de Eunice, con el ceño fruncido y la preocupación grabada en el rostro.
Después de que Eunice saliera de la habitación, Roland cogió el teléfono con urgencia y habló en un susurro áspero. «Necesito una investigación completa sobre Slater Quimby del Grupo Jensen, inmediatamente».
Mientras tanto, Eunice se retiró al refugio de su habitación y giró la llave en la cerradura con un clic suave y decidido.
Se recostó contra la puerta y exhaló lentamente, con un silbido constante. Una sonrisa de astuta satisfacción se dibujó en los labios.
Sacó su teléfono del fondo de su elegante bolso Chanel y sus delicados dedos se deslizaron con facilidad por la pantalla mientras marcaba el número de Slater.
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El persistente timbre llenó la silenciosa habitación, y cada tono le provocaba una descarga de adrenalina.
Justo cuando su paciencia comenzaba a agotarse, una voz rompió el silencio. —¿Hola? —Era una voz grave y resonante, teñida de una languidez áspera que despertó su interés.
Eunice cambió el tono a uno rebosante de encanto meloso. —Slater, ¿eres tú?
Pero la respuesta que recibió no fue la que esperaba.
Con una cortesía ensayada, el camarero respondió con voz desprovista de calidez. —Señorita, me temo que el señor Quimby no puede atender su llamada en este momento.
Eunice frunció el ceño, con una mezcla de confusión y preocupación.
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Nota de Tac-K: Linda mañana amadas personitas, que tengan un tiempo muy muy bonito. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (=◡=) /
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