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Capítulo 504:
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Wilma llevaba demasiado tiempo fuera; ¡ya debería haber vuelto!
Jax sentía que algo no cuadraba. No era propio de Wilma perderse un evento tan importante sin una buena razón. Siempre había estado deseando formar parte de la familia Harris; ¿por qué iba a desaparecer en un momento tan crucial?
Además, las explicaciones de su madre eran confusas y evasivas.
Cogió el teléfono y hizo una llamada. —Rastrea los últimos movimientos de Wilma. Necesito un informe completo.
Una voz cortés respondió al otro lado. —Sí, señor Harris.
—Y asegúrate de que mi madre no se entere —añadió Jax antes de colgar. Los recuerdos de la dulce sonrisa y el carácter dócil de Wilma inundaron su mente. Siempre se había esforzado por contentar a todo el mundo, temerosa de cometer cualquier error.
¿Qué podía haber empujado a una persona tan tierna a renunciar a su oportunidad de integrarse en la familia Harris?
Llegó la mañana.
Charlee se despertó y se estiró sin prisa. Frunció ligeramente el ceño al sentir rigidez en los músculos. Se levantó, se dirigió a la ventana panorámica y abrió las cortinas de par en par. La luz del sol inundó inmediatamente la habitación.
Después de arreglarse, Charlee se puso un elegante traje de negocios. Una blusa blanca y unos pantalones negros ajustados realzaban su figura. Se recogió el largo cabello, dejando al descubierto su delicado cuello e irradiando aplomo y seguridad.
«Hoy es un nuevo comienzo», murmuró Charlee a su reflejo, esbozando una leve sonrisa.
Miró la hora en su teléfono, cogió su bolso y salió de su residencia.
Media hora más tarde, Charlee entró en el vestíbulo de su empresa, con el taconeo de sus zapatos resonando con regularidad.
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«Buenos días, señorita Sullivan», dijo la recepcionista con cordialidad.
—Buenos días —respondió Charlee con un pequeño gesto de cabeza y se dirigió al ascensor. Las puertas se abrieron lentamente y Charlee entró, pulsando el botón de la última planta.
Cuando llegó, se dirigió directamente a su oficina.
Sobre su escritorio había un regalo envuelto con un elegante lazo morado claro.
Al instante, Charlee lo reconoció como el estilo característico de Nadia. Cogió el paquete y lo sopesó. El nombre de la remitente, «Nadia Jensen», estaba escrito con delicadeza.
Parecía que Nadia estaba bien.
Charlee abrió rápidamente el paquete. Dentro había un precioso juego de tazas de café. Charlee cogió una de las tazas y pasó los dedos con delicadeza por su superficie pulida.
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