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Capítulo 499:
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Charlee apretó el teléfono con más fuerza al sentir una punzada de inquietud. Lo último que quería era profundizar su relación con ese hombre.
Además, con todo lo que estaba pasando entre ella y Marc, sumado al escrutinio de los medios, reunirse con Slater solo echaría más leña al fuego.
—No es necesario —dijo con firmeza—. El asunto ya quedó atrás.
Se produjo un breve silencio antes de que Slater volviera a hablar, con un tono suave pero teñido de decepción. —Señorita Sullivan, entiendo que mi petición pueda parecer repentina. Pero no puedo quitarme de encima la culpa por lo que pasó. Si se niega, pesará mucho en mi conciencia.
Su sinceridad era evidente, sus palabras estaban impregnadas de una sutil vulnerabilidad que la tomó por sorpresa.
Charlee dudó, su determinación vaciló ligeramente. Siempre había sido más propensa a responder a la sinceridad que a la coacción, y la voz de Slater tenía un tono inconfundible de remordimiento genuino.
Charlee dijo: «Hablemos de ello más tarde. No es algo que podamos hacer ahora mismo».
Slater quiso insistir, pero Charlee terminó la llamada con un clic firme.
El sonido de la línea desconectada resonó en su oído. Su mirada se nubló por un momento, pero dejó el teléfono con indiferencia. Siempre había sabido que Charlee no se rendiría fácilmente. Era como una rosa rara y exquisita: hermosa, pero inalcanzable.
Mientras tanto, Charlee tiró el teléfono sobre la mesa y se masajeó las sienes. El enfoque implacable de Slater la inquietaba.
A la mañana siguiente, Marc llegó en persona a recogerla. Ella estaba sentada a la mesa del comedor, desayunando con aire tranquilo, mientras su teléfono vibraba con una avalancha de alertas de noticias, todas relacionadas con ella.
—¡Bah!
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Charlee dejó la cuchara de plata, con una sonrisa burlona en los labios. Los rumores no la perturbaron; no eran más que un molesto zumbido de fondo.
Marc se sentó frente a Charlee, tamborileando con los dedos sobre la mesa, y los golpes secos rompían el silencio. Su intensa mirada estaba clavada en la pantalla del teléfono, con el ceño fruncido.
En la pantalla, titulares como «La cita secreta de Charlee con un hombre misterioso» y «El escándalo de la infidelidad de Charlee» volvían a dominar las listas de tendencias, avivando los rumores. La expresión de Marc era fría como el hielo.
Cogió el teléfono y marcó el número de Fenton sin dudarlo. «Echa un vistazo a las listas de tendencias. ¿Qué está pasando? La abuela intervino ayer para acallar estas tonterías, ¿por qué han vuelto a resurgir?».
Fenton no perdió tiempo. En menos de una hora tenía las respuestas.
«Sr. Harris, es la familia Contreras», dijo Fenton por teléfono con voz clara y tajante.
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