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Capítulo 480:
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Terminó la llamada y se bebió el vino de un trago.
Charlee se desvió hacia la casa de los Sullivan después de su jornada. Al abrir la puerta de la villa, la recibió un suave aroma a lavanda. Roland estaba sentado en un sillón de madera de secuoya.
Charlee se quitó los tacones y entró. Al notar la expresión cansada de su sobrina, Roland la saludó con suavidad: «Ya estás en casa, Charlee. He oído que las cosas van bien con el joven de la familia Harris».
Charlee se sentó a su lado y comenzó a masajearse ligeramente las sienes. «Tío, lo mío con Marc va en serio», dijo con tranquila determinación. A pesar de la montaña rusa en que se había convertido su vida sentimental, no estaba dispuesta a dejar escapar esta oportunidad.
Al ver la determinación en los ojos de Charlee, Roland sintió una oleada de alivio. Charlee, que desde pequeña había sido inteligente y decidida, siempre le había preocupado por sus desventuras amorosas. Ahora que parecía haber encontrado su lugar, Roland se alegraba sinceramente por ella.
—Si ya lo has decidido —dijo Roland—. Ese joven de la familia Harris es un buen chico. Mañana hablaré con la señora Harris para fijar la fecha del compromiso.
El corazón de Charlee se aceleró de emoción, que era el motivo principal de su visita. Un compromiso era un acontecimiento importante que requería la aprobación de la familia.
—Gracias, tío Roland.
Roland se levantó, se acercó a Charlee y le dio una palmadita afectuosa en el hombro. —No hace falta que me des las gracias, tonta.
Charlee abrió la puerta del dormitorio con un suave empujón. Se dirigió con paso pesado hacia la cama, sus movimientos cargados de fatiga, y se dejó caer sobre el mullido colchón. La sedosa tela de su camisón abrazó su piel, proporcionándole un refrescante escalofrío. Con un profundo suspiro, Charlee cerró los ojos.
El matrimonio con Marc ya no era un sueño lejano, sino una certeza inminente. Sus pensamientos se desviaron hacia Nadia. Sabía que Nadia estaba bien, pero una punzada de vacío la atormentaba.
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A la mañana siguiente, Lorelei buscaba a tientas su teléfono, con los dedos teñidos de irritación. De repente, el dispositivo cobró vida con un timbre y mostró un número que no reconoció. Lorelei se detuvo, con un destello de vacilación cruzando su mente antes de contestar.
—Señorita Jensen —dijo una voz autoritaria al otro lado, con un tono inequívoco de autoridad.
Sintiendo un nudo en el estómago, Lorelei se enderezó instintivamente. Era una llamada de alguien del Grupo Mosaic.
—¿Qué quiere? —preguntó con voz firme.
—Necesitamos que mantenga ocupado a Shane durante un rato —respondió la voz al otro lado de la línea, sin mostrar ningún tipo de cordialidad.
Lorelei frunció el ceño y una ola de irritación la invadió al oír el nombre de Shane.
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