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Capítulo 467:
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Era Trent, el siempre obediente mayordomo de la familia Jensen.
De pie junto a la cama con una formalidad ensayada, le dedicó una sonrisa cortés. —Señorita Nadia Jensen, el señor Dempsey Jensen ha dado instrucciones de que le entreguen el alta. Nadia sintió que una risa fría brotaba de su interior. ¿Estaban tan desesperados por deshacerse de ella? ¿Creían que su mera presencia podría echar por tierra sus planes cuidadosamente elaborados?
No dijo nada y dejó que su mirada se posara en Trent.
—El coche espera abajo —añadió Trent, señalando la puerta con pulida precisión.
Bajando los ojos, Nadia habló en voz baja pero firme. —Quiero contactar con Charlee.
La sonrisa pulida de Trent se desvaneció y una sombra de inquietud cruzó su rostro. —Señorita Nadia Jensen…
Nadia levantó la cabeza y adoptó un tono cortante. —¿Qué? ¿Está prohibido?
Trent se movió bajo su mirada escrutadora, evitando sus ojos mientras respondía en voz baja: —Señorita Nadia Jensen, por favor, no nos lo ponga difícil.
Una risa fría y hueca escapó de los labios de Nadia. No dijo nada más. En lugar de eso, retiró las mantas y se levantó de la cama con deliberada calma.
A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba a través de las persianas en suaves rayos. Charlee abrió la puerta con cuidado y el penetrante aroma del desinfectante la recibió.
Se preparó para la habitual expresión pálida pero decidida de Nadia, pero en su lugar, la habitación la recibió con sábanas vacías, meticulosamente arregladas como si no hubieran sido tocadas por la enfermedad.
Un escalofrío recorrió la espalda de Charlee, inquietándola aún más.
Aferrada a un presentimiento ominoso, se apresuró a ir a la sala de enfermeras, con tono urgente. —Disculpe, ¿podría decirme dónde está la paciente de la habitación 302?
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La enfermera levantó la vista y respondió con brusquedad, sin mostrar preocupación. —Le dieron el alta anoche.
¿Anoche? La mente de Charlee daba vueltas, en un torbellino de confusión e incredulidad. ¿Cómo podía haber desaparecido Nadia sin decir nada?
Buscó a tientas su teléfono y marcó el número de Nadia, pero solo obtuvo un mensaje repetitivo y frío.
«El número al que ha llamado está apagado».
La frustración la invadió y apretó el teléfono con tanta fuerza que se le pusieron blancos los nudillos.
Con paso decidido, Charlee se dirigió hacia la sala de Lorelei, situada en la lujosa zona VIP.
Dentro, Dempsey y Shane estaban recostados en un lujoso sofá, murmurando en voz baja. Marc, en cambio, estaba apartado, con la silueta recortada contra la ventana, perdido en sus pensamientos. Al oír el crujido de la puerta, los tres giraron la cabeza al unísono.
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