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Capítulo 464:
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Mientras tanto, Shane permanecía en la puerta, con su imponente figura enfundada en un elegante traje. A pesar de su apariencia serena, la inquietud se reflejaba en su rostro. Abrió la boca para hablar, pero vaciló y las palabras murieron en su lengua.
La tensión en la habitación se hizo tan densa que casi se podía palpar. Charlee la rompió por fin, con voz aguda y sarcástica. —Señor Jensen, hoy es el cumpleaños de Nadia.
Shane se puso rígido, las palabras le golpearon como un latigazo. Su expresión se volvió sombría.
—Recuerdo que Nadia ya no forma parte de la familia Jensen —continuó Charlee, con la voz teñida de ira contenida—. Entonces, ¿por qué la familia Jensen insiste en hacerle daño?
Charlee apretó los puños, tratando de controlar la tormenta de emociones que amenazaba con desbordarse. No permitiría que se desmoronara en presencia de Nadia. En cambio, se volvió para ajustar con delicadeza la manta de Nadia, con un gesto tierno.
Shane la observó en silencio, con una mezcla de culpa y determinación. Las palabras de Charlee le dolían y le habían dejado una herida que tardaría en cerrarse.
—Descubriré la verdad y resolveré esto —dijo Shane finalmente, con voz firme pero moderada.
Charlee no le dirigió ni una mirada. Tampoco respondió. En cambio, se dirigió a la puerta y la cerró de un portazo con un golpe seco.
Shane se quedó paralizado en el pasillo, con el sonido de la puerta resonando en sus oídos como un veredicto irrevocable.
En ese momento, el teléfono de Charlee sonó, rompiendo el tenso silencio. Lo sacó y miró quién llamaba. Era su asistente.
—Señora Sullivan, las imágenes de vigilancia de la playa han sido destruidas. Repararlas llevará tiempo —informó el asistente.
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Charlee frunció el ceño y apretó el teléfono con fuerza mientras la frustración la invadía. —¿Hay alguna otra pista?
«No había mucha gente en la playa en ese momento y no hay testigos», respondió vacilante. «Solo la pareja que rescató a Lorelei. He contactado con ellos y me han dicho…». El asistente se calló.
«¿Qué han dicho?», presionó Charlee, con la voz tensa por la urgencia.
«Dijeron que en ese momento había mucho caos. Solo vieron una figura caer al agua, pero no pudieron identificar quién la empujó». La voz del asistente titubeó y se fue apagando con cada palabra.
Con las imágenes de las cámaras de seguridad destruidas y sin testigos que pudieran arrojar luz sobre lo sucedido, la investigación había llegado a un punto muerto.
Charlee colgó el teléfono con determinación. «Hay que resolver este problema con las cámaras de seguridad. No voy a tolerar conclusiones vagas».
Al otro lado, el tono del asistente delató un atisbo de ansiedad. «Sra. Sullivan, ya hemos contratado al equipo técnico más cualificado disponible. Están trabajando sin descanso para recuperar las imágenes, pero los métodos utilizados por el autor fueron muy sofisticados. Puede que lleve algún tiempo».
«No podemos permitirnos perder tiempo», respondió Charlee con dureza. «Encuéntralo. No valen las excusas».
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