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Capítulo 462:
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«¡Cómo te atreves a quedarte ahí y mentir!». La voz de Dempsey retumbó aún más fuerte, y su ira aumentó mientras señalaba con vehemencia hacia la sala de urgencias. «Lorelei está ahí dentro, luchando por su vida, ¡y tú tienes el descaro de negar que hayas hecho nada malo!».
La intensidad de la voz de Dempsey capturó la atención de todos los que estaban cerca.
Charlee apretó más fuerte a Nadia, ofreciéndole un abrazo protector. «Sr. Jensen, por favor, tómese un momento para calmarse», intervino Charlee con tono tranquilizador. «Aún no se ha sabido toda la verdad. ¿No es precipitado acusar a Nadia sin conocer todos los hechos?».
La mirada penetrante de Dempsey se volvió hacia Charlee, con los ojos rebosantes de desprecio.
«Señorita Sullivan, ¿desde cuándo le incumbe este asunto?», espetó con voz condescendiente y autoritaria. «Si le pasa algo a Lorelei, ¡juro que se arrepentirá toda su vida!».
Charlee le devolvió la mirada desafiante, con voz firme y serena. —Señor Jensen, sacar conclusiones precipitadas sin conocer todas las circunstancias es bastante imprudente, ¿no le parece?
La expresión de Dempsey se ensombreció y frunció el ceño. —Todas las pruebas están aquí. ¿Por qué hay que investigar más? ¡Encontraron a Lorelei en el agua y Nadia era la única que estaba allí!
Charlee lo miró fijamente, sin inmutarse. —¿Y si lo estaba? Ya he pedido que revisen las imágenes de las cámaras de vigilancia de la playa. Veremos si sigue tan seguro de sí mismo después de eso.
Su voz tenía un tono escalofriante que hizo que el corazón de Dempsey se estremeciera.
Evitando su mirada penetrante, los ojos de Dempsey parpadearon con duda.
¿Era posible que hubiera otra explicación?
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En ese momento, Shane se acercó, con su traje, normalmente impecable, ligeramente arrugado, señal del caos del día.
Su expresión era grave mientras observaba la tensa atmósfera. —Nadia, ¿estás bien? —preguntó con voz llena de suave preocupación.
Sentada en un banco cercano, Nadia asintió con la cabeza, con un movimiento rígido y automático.
Abrió los labios como para hablar, pero no dijo nada.
La tensión se hizo palpable hasta que la luz roja sobre el quirófano se apagó. Apareció un médico cansado, con una mascarilla en la mano.
—Doctor, ¿cómo está mi hija? —La voz de Dempsey se quebró al dar un paso adelante.
Con un profundo suspiro, el médico respondió: —Ha tragado mucha agua de mar. Su estado es crítico y no sabemos si despertará. Tenemos que trasladarla a la UCI inmediatamente.
Dempsey se tambaleó, como si le hubieran golpeado, y sus piernas casi le fallaron. Shane se apresuró a sujetarlo, con una expresión que era un complejo entramado de preocupación y tristeza.
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