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Capítulo 451:
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En ese momento, el único deseo de Nadia era huir de allí, como si el aire a su alrededor se hubiera vuelto irrespirable.
—¡Nadia! —Shane se abalanzó hacia ella y la agarró por la muñeca.
Nadia se soltó bruscamente y le dijo con voz aguda: —¡Por favor, no me detengas!
Los ojos de Shane se llenaron de tristeza, con una súplica tácita en lo más profundo de ellos. Volvió a extender la mano, pero una voz tan fría como un vendaval invernal lo detuvo en seco.
«Déjala ir».
Charlee había aparecido detrás de ellos, pasando desapercibida hasta ese momento. Nadia se quedó paralizada, momentáneamente atónita al verla.
Charlee dio un paso adelante, colocándose protectora entre Nadia y Shane, como un escudo que protege de una tormenta.
Shane, sorprendido, la miró fijamente. No había previsto su repentina aparición. —Charlee, tú…
—Señor Jensen —dijo Charlee con tono firme—. Creo que sabe muy bien que Nadia ha roto todos los lazos con la familia Jensen. Dado que ella ya no pertenece a su mundo, ¿por qué insiste en molestarla?
La expresión de Shane se ensombreció y la irritación se reflejó en su rostro. Respiró hondo, obligando a sus emociones a controlarse. —Solo quiero hablar con ella.
—No hay nada que discutir. —Nadia se aferró a la manga de Charlee como si fuera un salvavidas, con los nudillos pálidos por la tensión.
Charlee le dio una suave palmada en la mano, un gesto silencioso de tranquilidad. Volviéndose hacia Shane, Charlee añadió con determinación inquebrantable: —Señor Jensen, su presencia aquí, en el Grupo Sullivan, no es bienvenida. Por favor.
Shane se encontró con su mirada firme y se dio cuenta, con el corazón encogido, de que ninguna palabra podría hacerla cambiar de opinión.
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Lanzó una última mirada a Nadia antes de retirarse a la sombra de la noche.
Charlee observó cómo desaparecía su silueta, con una expresión entre la lástima y la frustración. El vínculo entre Nadia y Shane era tan enredado como una zarza, cada conexión un espinoso recordatorio del pasado.
Con un suave suspiro, Charlee atrajo a Nadia hacia un cálido abrazo.
«Ya se ha acabado, Nadia. Estás a salvo. Estoy aquí».
Nadia intentó esbozar una sonrisa, con un tono forzadamente alegre. «Charlee, estoy bien. Todo eso ya es pasado».
«¿De verdad estás bien?».
A Nadia le picó la nariz y se le empañaron los ojos. Parpadeó rápidamente, conteniendo el torrente de emociones que amenazaba con desbordarse. «Sí. Estoy bien».
Charlee decidió no insistir, consciente de la fragilidad de los hilos que mantenían unida a Nadia.
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