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Capítulo 427:
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Cada segundo se le hacía eterno mientras buscaba pistas.
Entonces lo vio: una enfermera entrando en la habitación de Nadia con una jeringuilla en la mano.
Shane apretó la mandíbula y dijo con voz fría: «Encuéntrenla. Ahora mismo». El equipo de seguridad localizó rápidamente a la enfermera, que fue sorprendida cuando intentaba huir. La llevaron ante Shane, temblando, con el rostro parcialmente oculto tras su cabello revuelto.
Shane se plantó ante ella con expresión severa.
—¿Quién te ha enviado?
La enfermera temblaba aún más, su miedo era palpable. Lentamente, levantó la cabeza, con el rostro marcado por el terror.
Abrió los labios como para hablar, pero no le salió ningún sonido. Era como si le hubieran robado la voz, atrapada en algún lugar profundo de su interior.
Frustrado, Shane la agarró por el cuello y la empujó contra la pared, con tono frío e implacable.
—¿Te niegas a hablar? No me obligues a sacártelo a la fuerza. El cuerpo de la enfermera temblaba violentamente.
—Era… era una señora —balbuceó, con voz apenas audible—. Me pagó algo de dinero…
—¿Una señora? —La voz de Shane era cortante—. ¿Quién? ¿Cómo se llama? La enfermera negó con la cabeza desesperadamente.
—Yo… no la conozco. Llevaba una máscara y un sombrero… No le vi la cara. Shane respiró lenta y profundamente, tratando de controlar su ira. Soltó a la enfermera y entrecerró los ojos al volverse hacia su asistente, que acababa de entrar en la habitación.
—Rastrea sus transacciones bancarias inmediatamente.
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El asistente asintió y se puso a trabajar sin demora. Unos instantes después, regresó con noticias.
—Señor Jensen, el pago se ha rastreado hasta la cuenta de la señorita Lorelei Jensen. La revelación fue como un rayo. La habitación pareció enfriarse.
Shane apretó los puños con fuerza a los lados del cuerpo.
¿Lorelei? ¿Cómo era posible?
Le costaba creerlo.
Lorelei siempre había sido una chica dulce y de voz suave que podía cautivar a cualquiera con su comportamiento amable. ¿Cómo era posible que estuviera involucrada en algo tan despreciable?
Shane cerró los ojos brevemente, exhaló y hizo un gesto con la mano para que se marcharan. —Llévenla y asegúrense de que la vigilan de cerca. Sin decir nada más, Shane salió de la sala de vigilancia con la mente dando vueltas.
La noche fuera era pesada y opresiva, reflejando su estado de ánimo mientras conducía hacia la villa de la familia Jensen.
Al abrir la puerta principal, sus pasos resonaron en el silencio de la casa.
Se dirigió directamente a la habitación de Lorelei y abrió la puerta de un empujón. Lorelei estaba sentada en la cama, con expresión de sorpresa, ya que la repentina irrupción le hizo soltar el frasco de crema que tenía en la mano.
—¡Shane! ¿Qué pasa? —preguntó con voz confusa.
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