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Capítulo 425:
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Shane abrió los labios, pero por un momento no pudo articular palabra. Apretó la mandíbula antes de susurrar: —Fue… Fue Terrence.
—¿Terrence? —repitió Charlee, recordando la llamada de Nadia unos días antes.
Cerró los ojos y respiró hondo para calmarse—. Shane, pase lo que pase, tienes que proteger a Nadia. ¿Me oyes?
Shane asintió con la cabeza, con una voz apenas audible, pero llena de convicción. —Lo haré. Lo juro, la protegeré.
El pitido constante de las máquinas, que parecía especialmente estridente, era el único sonido que rompía el silencio que se había apoderado de la sala. La mirada de Charlee se posó en el pálido rostro de Nadia, con el corazón agitado por una tormenta de emociones que apenas podía contener.
Tras una larga pausa, Charlee finalmente habló, con un hilo de voz. —Si, y digo si, tuvieras que elegir entre Nadia y Lorelei, ¿a quién elegirías?
El cuerpo de Shane se tensó y su rostro se puso aún más pálido.
Se le hizo un nudo en la garganta y, aunque su nuez se movía, no pudo articular palabra.
En ese momento, la puerta de la sala se abrió con un chirrido y la amplia e imponente figura de Marc llenó el umbral.
Vestido con un elegante traje negro, irradiaba autoridad, con el rostro serio.
—Charlee, ¿estás bien? —La profunda voz de Marc denotaba preocupación mientras se acercaba a Charlee.
Inmediatamente después de terminar su llamada con Charlee, Shane había llamado a Marc.
Charlee levantó la vista con los ojos enrojecidos y dijo con voz ronca: «Marc, es Nadia. Ella está…».
«Lo sé», dijo Marc con suavidad, posando una mano sobre su hombro. «Respira hondo, Charlee. Averiguaremos qué ha pasado realmente».
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Charlee inhaló lentamente, tratando de calmarse. —Nadia podría saber algo. No puedo dejarla sola. Tengo que quedarme y cuidar de ella. Marc intercambió una breve mirada con Shane.
Aunque Shane dudó en alejarse de Nadia, pudo ver la determinación inquebrantable en los ojos de Charlee.
Al final, se entendieron sin necesidad de palabras.
A medida que avanzaba la noche, un silencio inquietante envolvió el pasillo del hospital.
Charlee bajó rápidamente a la tienda a comprar algo de comida y regresó a la entrada de la sala.
En ese momento, una figura oscura vestida con un uniforme de enfermera se deslizó en la habitación de Nadia con deliberada sigilo. Un escalofrío de inquietud recorrió la espalda de Charlee.
Sus instintos se despertaron. Silenciosamente, la siguió y se detuvo junto a la ventana de cristal de la puerta. A través del cristal, vio a la enfermera agarrando una jeringa, aparentemente dispuesta a inyectarle algo a Nadia.
Charlee sintió que se le oprimía el pecho y el pulso se le aceleró. Sin dudarlo, empujó la puerta. —¿Hay que administrarle algún otro medicamento esta noche?
La voz inesperada sobresaltó a la enfermera, que casi deja caer la jeringuilla con la mano temblorosa.
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